A PROPÓSITO DE LA COYUNTURA ESTUDIANTIL

 

Por Juan Pérez, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Central

 

 

Pocos años hemos tenido condiciones tan favorables para gestar una poderosa movilización política de masas en todo el país. Miles de estudiantes en todo Chile han paralizado activamente sus clases, otros miles directamente se han tomado sus establecimientos, mientras que por otra parte, como si esto fuera poco, distintas franjas sociales del pueblo trabajador se incorporaron directamente a la lucha por sus reivindicaciones, hablamos del poderoso movimiento docente, de las diferentes y diversas huelgas de trabajadores: transportistas, bancarios, mineros, etc. Esta situación de intensidad y dinamismo que gesta el movimiento de masas, en la medida en que la Nueva Mayoría no fue –y no es– capaz de desarrollar y realizar las aspiraciones del pueblo, obliga al gobierno a acudir a una política de mayor represión sobre los sectores movilizados, de manera tal que no es sorpresivo, en este contexto, el nombramiento de Burgos en el Ministerio del Interior, la intensificación de la agenda legislativa en materia de represión, así como los recientes asesinatos ocurridos al interior de las movilizaciones obreras y estudiantiles.

Objetivamente, esta situación, ha hundido a la Nueva Mayoría en una crisis y junto con ella, esta crisis se ha expandido a todo el sistema de dominación chileno. Es decir, el consenso que ostentaban hasta hace unos años los partidos tradicionales encargados de dirigir el aparato de Estado, hoy, lisa y llanamente no existe.

Pero de lo que se trata, a esta altura, es preguntarnos: ¿Por qué, pese a una situación tan favorable para la movilización, no somos capaces de golpear y vencer? En este terreno, la cuestión se vuelve más complicada y a la vez contiene más aristas.

Por una parte, el reformismo estudiantil (principalmente nos referimos a Izquierda Autónoma, FEL y Unión Nacional Estudiantil), que ostenta la dirección política del movimiento a través de las federaciones que componen el CONFECH, no tiene una política clara de movilización, o más bien, no confían en la movilización como mecanismo de irrupción y de fuerza que permita a los estudiantes golpear al gobierno, sino que creen, más bien, que mediante diferentes instancias de diálogo, se puede llegar a “incidir” en las reformas que se gestan desde arriba, en definitiva, no creen posible que las reivindicaciones históricas del movimiento puedan ser realizadas en las actuales circunstancias. Por esta razón, en las movilizaciones locales, aceptan una y cada una de las propuestas de “mesas de diálogo”, aunque éstas no cuenten con garantía alguna para los estudiantes, y además, tienen la sinvergüenza de sentarse a negociar con el gobierno de la Nueva Mayoría (que tiene sus manos manchadas con sangre de obreros, mapuches y estudiantes), constituyendo “mesas de participación ciudadana”, cuyo único objetivo, por parte del gobierno, es gestar instancias que le permitan recomponer el consenso sobre las amplias masas movilizadas. En estas mesas, nuevamente y al igual que en los años anteriores, no se cosechará ningún triunfo.

Sin embargo, para ser justos, no todo puede ser culpa del reformismo. Y la verdad es que los sectores revolucionarios al interior del movimiento estudiantil no hemos sabido articular una alternativa unitaria que se presente seriamente a disputar la conducción de la movilización. En definitiva, en la medida en que el reformismo se encuentra cohesionado y los revolucionarios fragmentados, difícilmente podrá una sola organización dotar de conducción y dirección política a la movilización. Hoy es necesario avanzar en la unidad de los revolucionarios, es necesario unir a quienes no ceden frente a las mezquinas propuestas del gobierno, es necesario unir a quienes confían en la fuerza de los estudiantes en lucha, es necesario unir a quienes no transarán los intereses del pueblo.

Ahora bien, por parte del gobierno, lo cierto es que no escucha las reivindicaciones históricas de los estudiantes, en la práctica, nada se ha dicho sobre la gratuidad universal, sobre la democratización y el co-gobierno universitario, nada ha dicho sobre un financiamiento basal de las universidades “públicas”, el fin de la precarización laboral, y por sobre todo, no se ha hecho cargo del gran desastre que ha significado el endeudamiento de nuestras familias, esto es, una de las reivindicaciones más importantes: la condonación de la deuda contraída por motivos de educación.

En lo que queda de semestre habrá importantes movilizaciones, será necesario articular y unificar esas luchas, forjar en la práctica concreta la unidad de trabajadores y estudiantes, si somos capaces de golpear al mismo enemigo de forma coordinada y unitaria, sin dudas, la historia comenzará a ser escrita por nosotros.

 

 

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