FRENTE A LA CRISIS: nuestro deber es informar

 

Por Equipo Editorial

 

 

“Hasta la revolución misma es una obra cultural, la expresión total de una vocación y de una capacidad creadoras que justifican y exigen de todos nosotros una profunda confianza en el porvenir”

Gabriel García Márquez

 

Las coincidencias, ni en política y ni en historia, existen. Hoy nacemos en un contexto nacional e internacional lleno de complejidades y desafíos, miedos y esperanzas. Y es que el mundo entero se sacude con rabia de décadas oscuras de inmovilidad. Esto lo podemos ver diariamente alrededor de todo el mundo, pero sobre todo lo podemos palpar en nuestras propias calles, y frente a nuestros propios ojos.

Las movilizaciones sociales que han sacudido a nuestra sociedad dan cuenta de dos hechos innegables:

Por un lado, aquellos oscuros personajes que entonaron el “canto de la alegría” hace casi tres décadas, han demostrado una total falta de voluntad en la perspectiva franca de responder a las necesidades más elementales que nuestro pueblo exige.

Y por otro lado (al mismo tiempo que ocurre lo anterior), la realidad da cuenta de una sociedad, casi en su totalidad, que no está dispuesta a seguir tolerando el abuso, la mentira y la corrupción que hoy domina la política de quienes están en el poder.

Claramente son tiempos de cambios, de transformaciones profundas en la conciencia de todos aquellos que hemos mantenido siempre viva la esperanza de que nuestro diario vivir puede y debe ser mejor.

La disposición y la voluntad de cientos de miles de cambiar la historia presente, en un contexto de corrupción descarada de los “administradores oficiales” del poder político, no ha encontrado más alternativa que volcarse a luchar en las calles por medio de la movilización y la protesta. Alamedas, plazas, fábricas, universidades, liceos, poblaciones, campos y caletas dan cuenta, hace ya varios años, de un empoderamiento amplio, transversal y profundo.

La justeza de todas las consignas y demandas se ratifica frente a cada hecho de corrupción. Tan así, que ante su recurrencia, transversalidad y descaro, lamentablemente ya comienzan a volverse de uso común y corriente entre los ricos y poderosos. El eufemismo usado por la prensa: “política y dinero” no hace más que ocultar lo que sencillamente se llama cohecho, corrupción, mafia.

Nosotros, somos precisamente aquellos que nos resistimos absolutamente a permitir que el abuso se perpetúe, la desinformación reine y que la fuerza social desplegada se esfume en un sin fin de cooptaciones institucionales.

Este gobierno, que no es más que el gobierno de una derecha multiforme vestida con ropajes de “izquierda” y “democracia” no tiene intensión alguna de ceder o cambiar. Por el contrario, las tibias reformas que agitó con furia Bachelet en su campaña dieron paso a un “realismo sin renuncia” inocuo, vago, opaco. Ya sabemos todos y todas que en la práctica es y será pura renuncia, sin matiz ni disimulo.

Pesan y pesarán más los intereses y las ganancias de unos pocos ricos y poderosos que la necesidad real de transformación social. Ni hablar de cambios profundos, reales, estructurales o constitucionales. Incluso la ilusión de un “proceso democrático” en torno a una nueva constitución que exprese parte de las demandas sociales hoy vitoreadas en las marchas, se diluye ante el reinado del orden.

No hay ni habrán cambios estructurales de la mano de una gobierno dominado, desde las sombras, por esa misma fracción económica que tumbó a la Unidad Popular hace décadas y que consolidó su poder y riqueza bajo la dictadura de Pinochet y al alero de los gobiernos de la propia Concertación.

Mientras tanto, los mapuche luchan por sus tierras, contra el racismo y contra el fascismo del gremio de camioneros que se rearma como en los tiempos de la Unidad Popular para presionar por la militarización del histórico y eterno Wallmapu. Al mismo tiempo los estudiantes llenan nuevamente las calles con consignas que no tienen respuesta alguna; por el contrario y a contrapelo, el gobierno avanza decidido en la consolidación de una reforma miserable; migajas obscenas, pobres, inocuas, que no solucionarán problemas de fondo.

Así mismo, al tenor de una histórica movilización de los profesores de casi todo Chile, el Colegio de Profesores cierra filas con el gobierno de los corruptos dando la espalda a sus bases y aplicando, para ganar a toda costa, oscuros mecanismos “democráticos” para cerrar discusiones  y clausurar la democracia interna entre cuatro paredes.

Ni hablar del mar arrebatado por los grupos económicos más poderosos de Chile y del extranjero, de las manos de los trabajadores pesqueros, que hoy sencillamente están siendo destruidos por empresarios sin moral ni escrúpulos. O del robo diario de las AFP a todos los trabajadores y trabajadoras del país por parte de aquellos mismos grupos económicos, en el instante en que concretan suculentos negocios con el hijo de la presidenta, y quizás con cuantos participantes más del gobierno.

Razones sobran para estar de pie. Las manos y los corazones de muchos hoy trabajan por detener el saqueo y el abuso. Sin embargo nuestra voz y nuestra palabra no es escuchada con la fuerza que merecemos, puesto que los medios de comunicación masivo prefieren apuntar sus dardos contra los “violentistas” de las marchas y en favor de los gremios patronales que amenazan con sus camiones parados la “estabilidad” y la “democracia”.

Hoy, desde esta humilde trinchera de comunicación e información, pretendemos dar cuenta de las luchas y de los anhelos del sector social ampliamente mayoritario que es invisibilizado por los medios de comunicación de todo tipo.

Nosotros nos ubicamos con orgullo en una trinchera social específica: la de quienes hoy se encuentran luchando por el fin de un régimen político, social y económico basado en la injusticia, el abuso, la explotación y el aprovechamiento de millones de hombres y mujeres honrados por  parte de unos pocos cientos de corruptos y ladrones.

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