15 DE AGOSTO, ANIVERSARIO 50º DEL MIR, un programa y una estrategia para la insurrección…

 

 

Por Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

 

 

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) emergió el 15 de agosto de 1965 como una vanguardia que en su época crearía condiciones para una insurrección popular. En aquellos días resultaba muy claro que la sociedad debería cambiar –al igual que ahora–, pero existían grandes discrepancias sobre los caminos que conducirían a la Revolución. ¿Lucha armada?, ¿foco revolucionario?, ¿insurrección popular?, ¿elecciones como la que ganó Allende?… Pero nadie se preguntaba ¿cuál revolución?, como probablemente lo haríamos ahora.

El mundo era “bipolar”, dividido en dos grandes bloques en “guerra fría”. Por un lado estaba el campo “socialista” y por otro, el capitalista, la Revolución China se consolidaba pero con una belicosa disputa ideológica con la URSS. Los países del Este europeo que fueron liberados por el Ejército Rojo ya habían adquirido por osmosis el capitalismo de Estado del “socialismo real”, pero de vez en cuando padecían invasiones militares correctivas, mientras Corea y Vietnam trataban también de consolidar su propia identidad socialista y por doquier ésa era la gran meta, el gran paradigma o la panacea que alentaba las luchas populares de los pueblos del mundo.

Que las cosas cambien para seguir igual

La exitosa Revolución Cubana in-fluyó poderosamente en la rebeldía de una América Latina sumergida toda-vía en el medioevo agropecuario, tanto que Estados Unidos relativizó su respaldo al latifundio tipo United Fruit y comenzó a promover una reforma agraria con la intención de agrandar el mercado, integrando a los campesinos al consumo de productos industriales.

“Algo debe cambiar para que todo siga igual”, escribió el italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su célebre novela “El Gatopardo”. Con ese espíritu, EEUU lanzó la Alianza para el Progreso del gobierno de John Kennedy (1961-1963) y contribuyó a imponer en Chile “la revolución en libertad” de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), que amplió la “reforma agraria de macetero” de su antecesor ultraderechista Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964), aunque no prosperó su proyecto de “revolución” y se mostró inclinado a masacres como la del sindicato del mineral El Salvador (1966) y Pampa Irigoyen (Puerto Montt, 1969). El mundo político joven y adulto se dividía entre partidarios de “la vía pacífica”, en la práctica las elecciones periódicas, y lucha armada, opción que tenía algunas variantes, foco revolucionario, guerrilla, insurrección popular, etc.

Irrupción desafiante del MIR

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) nació con un programa y una estrategia revolucionaria que en teoría abriría paso a la insurrección, pero más bien a mediano plazo. Según el historiador Luis Vitale, “al Congreso de Fundación del MIR, efectuado en la calle San Francisco Nº 269, local facilitado por el anarquista Ernesto Miranda, asistieron delegados del PSP (Partido Socialista Popular), de la VRM (Vanguardia Revolucionaria Marxista), el sector sindicalista encabezado por Clotario Blest y un grupo escindido del PSR…”

El congreso aprobó una Declaración de Principios, un programa estratégico y coyuntural de lucha –propuesto por Clotario Blest, el PSP y VRM–, unas bases de organización y estructura interna del MIR y una Tesis Insurreccional redactada por Miguel y Marco Antonio Enríquez y leída por Miguel. Para Vitale fue un “hecho inédito en la historia de los partidos de la izquierda chilena, pues en ninguno de sus Congresos jamás fue aprobada una tesis insurreccional. Esta tesis fue aprobada con una modificación fundamental: que para iniciar la insurrección armada debía haber un ascenso relevante del movimiento popular y que los grupos armados tenían que asentarse en fuertes bases sociales, para no caer en una desviación foquista, como había sucedido en varios países latinoamericanos”.

El MIR, entonces, fue fundado en Santiago con la confluencia de varios grupos y personalidades revolucionarias de aquel tiempo, pero la savia más joven fue aportada por una generación de dirigentes estudiantiles de Concepción, en su mayoría disidentes de la Juventud Socialista. Entre los fundadores estuvo Luciano Cruz, quien en 1967 fue elegido presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (Feuc), en un salto cualitativo del desarrollo del naciente MIR.

En el congreso fundacional fue elegido secretario general, el Dr. Enrique Sepúlveda, ex VRM, mientras el Comité Central quedó integrado por Clotario Blest, Humberto Valenzuela, Luis Vitale, Oscar Waiss, Gabriel Smirnow, Dantón Chelén, Miguel Enríquez (llamado Viriato), Bautista van Schouwen, Edgardo Condeza, Jorge Cereceda, Martín Salas, el “Pelao Zapata”, Luciano Cruz, Mario Lobos y Mondiola. En el Secretariado Nacional quedaron Sepúlveda, Smirnow, Chelén, Waiss y Valenzuela.

La Wikipedia dice que el MIR “fue una guerrilla de extrema izquierda chilena fundada en 1965”. En rigor, fue un movimiento político estudiantil y de masas que logró extender de a poco su influencia política a  sectores de “los pobres de la ciudad y el campo”, es decir, pobladores, clase obrera, campesinos y toda clase de pobres urbanos y rurales. Aunque nunca adoptó explícitamente la lucha armada para alcanzar el poder, ni fue realmente una organización “para-militar”, el MIR cultivaba un lenguaje sugestivo, por ejemplo su sistema organizativo incluía los llamados GPM, “Grupo Político Militar”, mientras observaba con simpatía al pueblo armado que luchaba por su emancipación en otras latitudes y tampoco descartaba esa forma de lucha en el país, sobre todo como resistencia a un golpe militar, aunque siempre careció de lo que podría llamarse arsenal verdadero y propio.

La única tarea pública de cierta connotación armada que tuvo el MIR fue cuando se hizo cargo de la custodia del presidente electo Salvador Allende, para resguardar su vida con el llamado GAP (Grupo de Amigos Personales, de Allende), en el difícil período de dos meses que medió entre la elección del 4 de septiembre de 1970 y la toma de posesión, el 4 de noviembre. En octubre, por ejemplo, fue asesinado el comandante en jefe del Ejército, René Schneider, con apoyo de Estados Unidos. Una vez que Allende asumió el poder, el GAP fue institucionalizado, pero en su mayoría con otra gente.

El carácter de la época

El MIR chileno emergió a la vida política en la mitad de una década en que las juventudes de cualquier lugar del planeta alentaban grandes esperanzas de cambios. Los jóvenes de todo el orbe luchaban por sus anhelos específicos en sus propios mundos y pese a que las técnicas de comunicación e información de aquella época no eran tan sofisticadas como las de hoy, la gente estaba mejor enterada que ahora de lo que realmente ocurría en el resto del mundo y la manifestación de solidaridad internacional con las luchas que se deban más allá de las fronteras era considerada un hecho absolutamente natural, aunque se tratara de lugares tan remotos como Vietnam.

Prácticamente, no había un solo estudiante chileno que ignorara que en Cuba triunfó una revolución por la vía armada y que el poderío del imperialismo estadounidense fracasaba en someter al pueblo vietnamita, mientras en el territorio de Estados Unidos crecía el rechazo a esa guerra imperial en el sudeste asiático y la rebelión afroamericana, o negra, estaba en pleno desarrollo a escala nacional, conducida por sus variados líderes, Rosa Parks, Stokely Carmichael, Malcom X, Martin Luther King, entre otros. En un hecho notable, los jóvenes de EEUU comenzaron a rechazar el servicio militar que los conducía a la guerra y con los años terminó siendo abolido.

Fue una época caliente que no debe ser recordada sólo por los hippies, Elvis y los grandes de la música de los países desarrollados. En esa década se consolidó el socialismo en China, mientras Mao Tsé Tung influía a la juventud latinoamericana con su llamado a que “florezcan cien flores” en la estrategia por la toma del poder, mientras libraba la “revolución cultural” que fue derrotada. También ejerció influencia en América Latina la revolución anticolonial en África, en particular la victoria de Argelia en Evian en 1962, y en Asia, sobre todo por los primeros éxitos de la lucha guerrillera en Vietnam. En el continente había en esos años numerosos movimientos guerrilleros, algunos inspirados en la teoría del foco, como el de Luis de La Puente Uceda en Perú (1965) o la guerrilla de Salta (1963-64), conducida por el periodista argentino Jorge José Ricardo Masetti Blanco, amigo del Che fundador de Prensa Latina, llamado “Comandante Segundo”; y otros más arraigados en las masas, como el ERP-PRT de Argentina o el movimiento de Carlos Marighella en Brasil (1968-69). Hubo una guerrilla en Guatemala (1960-1970), conducida por ex militares encabezados por el teniente Marco Antonio Yon Sosa, que incluso pasó por la Escuela de las Américas, e integrada por los oficiales Alejandro de León, Luis Augusto Turcios Lima y Luis Trejo Esquivel. En 1966 se realizó la Conferencia Tricontinental en La Habana con la participación de 82 países en lucha y en 1968 surgió la OLAS, Organización Latinoamericana de Solidaridad. Y mucho más…

En la Universidad Católica de Chile estalló la rebelión estudiantil por la reforma en 1967, bajo el liderazgo de Miguel Angel Solar, antes de los acontecimientos estudiantiles de Francia de mayo de 1968. También aparecieron movimientos juveniles que practicaron intensamente la lucha armada en países desarrollados europeos, por ejemplo la Fracción del Ejército Rojo que dirigían Andreas Baader y la periodista Ulrike Meinhof en la República Federal de Alemania de los años 70; y las Brigadas Rojas de Italia, por la misma época.

La influencia del Mayo francés, las protestas contra la guerra de Vietnam en Berkeley, California, e incluso Washington, más el carisma de los líderes juveniles europeos Rudi Dutschke y Daniel Cohn-Bendit propagaron en todo el primer mundo un nuevo concepto del marxismo atípico que condenaba al imperialismo de Estados Unidos pero a la vez se distanciaba de la Unión Soviética y los partidos comunistas, principalmente los europeo-occidentales, como el de Italia, visto por las nuevas generaciones como colaborador de los enemigos de los trabajadores.

En este contexto internacional se desenvolvió la existencia del MIR chileno. El golpe cívico militar de 1973 arrancó la vida a 700 militantes del MIR y encarceló y torturó a miles.

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