A RECUPERAR La cultura democrática de la izquierda

LA ESTACA Nº3 Marzo 2016 – Pág30 – Internacional

 

A RECUPERAR

La cultura democrática de la izquierda

 

Por: Gino Straforini

Argentina, febrero 2016.

 

En la mayoría de los países de nuestro continente los problemas sociales fundamentales surgen de lo que podemos denominar dos primeros conflictos: Capital – Trabajo y Nación Oprimida – Imperialismo, puntualizando, antes que nada, que la definición del sujeto social es sobre todo la definición del conflicto social.

Así, el problema de las relaciones entre la política y la sociedad en América Latina es central para todo aquel que pretenda actuar desde los intereses de las mayorías del continente y a favor de una alternativa contra la dominación transnacional y sus instrumentos.

Las concertaciones actuales reconocen algunos derechos y demandas, sobre todo de los sectores organizados con poder y presión pero, el resto de la población, está sometida al ajuste económico en pos de la “economía”; se está dejando a las demandas sociales de lado y se está exigiendo sacrificar a las mayorías en aras de una futura “prosperidad”, un ajuste indispensable para esta propuesta económica. La Macroeconomía  que maneja el gabinete económico no está obligada a tener en cuenta la miseria ni la política social, ni estas afectan mucho; el desastre que vive la sociedad no se toma en cuenta dentro de las variables determinantes dentro del sistema.

Este desastre no es consecuencia de una crisis ni en Argentina, por ejemplo, hay una crisis catastrófica; la miseria es estructural y es consecuencia de la fase del capitalismo subordinado en el que el capital extranjero domina en la formación económica; este proceso significa que al menos un 40% de la población será excluido de la economía pero también lo serán los capitales nacionales y, entonces, veremos decrecer el empleo, el valor del trabajo, la salud y hasta la estatura de los niños más pobres.

La formación económica en la mayoría de los países del continente están adecuándose al modelo que impone el capitalismo mundial excluyente y subordinador; no hay propuesta de futuro que avalen el presente ni economistas ni políticos que se atrevan a prometer una bonanza para la gente común.

Ante ello, las organizaciones políticas de izquierda que comprenden la necesidad de articular lo político y lo social como elemento imprescindible para que su oposición al sistema sea eficaz y son capaces de ubicar este problema en el centro de su voluntad expresa de renovar su manera de hacer política, deben cambiar profundamente, dado que mantienen dogmas organizativos y copian formas capitalistas del ejercicio del poder; así no consiguen ser un polo atractivo para el conjunto de la población y no ponen en el centro de su actividad política el servicio a los más humildes; tampoco logran ocupar simultáneamente los espacios políticos y sociales en momentos estratégicos y actuar con eficacia en ambos; no han elaborado claros proyectos anticapitalistas y, por ello, no se avanza hacia la formación de movimientos socialistas en sus expresiones organizativas, ideológicas y culturales.

El transformar radicalmente lo político no es sinónimo de eliminarlo, sino de tener la intención de fortalecerlo, exaltar lo social y ampliar y profundizar sus campos de acción. No es pretender o creer que sustituya lo político: se trata precisamente de ir creando una política superior y más capaz de toda política anterior para asumir objetivos de liberación anticapitalista y socialistas.

Es necesario tener presente que las actuales políticas hacia los movimientos sociales practicadas por los sistemas capitalistas se han limitado a su neutralización, mediante políticas clientelares y su manipulación. Al actual sistema le es vital que lo social y lo político permanezcan separados; que la mayoría no aspire a cambios radicales y que la izquierda sea funcional con el curso general del sistema. La escisión entre la vida cotidiana, las actividades sociales y la política es esencial para la dominación del sistema, así como la separación entre ética y economía y entre ética y política. La cultura de la dominación pretende reestablecer todas esas relaciones en otros escenarios que le sean convenientes, utilizando sus mecanismos de información masiva y de creación de opinión, perpetuando de esta manera su sistema político y su estado, con la uniformidad abstracta de los modos de vida y de las instituciones económicas y políticas, consolidando los consumos culturales que impone a todo el mundo el capitalismo desarrollado.

Por ello, en esta etapa resulta central la lucha cultural en la izquierda; debemos lograr una identidad propia e inquebrantable que sea la brújula para la acción y atraiga a los humildes y a todos los que quieran sumarse a favor de los cambios profundos (con convicción, elaboración teórica, voluntad y acción socialista), generadora de una cultura de liberación; es el único camino viable y eficaz.

El problema al que nos enfrentamos consiste en formar organizaciones políticas y sociales eficaces para lo cual es indispensable que sean profundamente democráticas y participativas; tan democráticas que podamos llamarlas socialismo. Se trata de luchar siempre por las porciones del poder que sean necesarias en los más diversos escenarios y con distintas tácticas y formas, pero con la vocación de expropiar todo el poder.

Sin acumulación de fuerzas en el conjunto del pueblo y sin unidad, ningún proyecto alternativo radical podrá sostenerse y avanzar.

A partir de allí, la perspectiva socialista puede ofertar nuevos valores y un horizonte para ayudar a avanzar desde el primer momento hacia una liberación que hoy tiene aspectos de realización lejana, por lo que desarrollarlos exigirá esfuerzos tales que, quienes participen, se irán a su vez transformando a sí mismos.

 

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