¿Campeones de la Copa América? El fútbol que no fue…

19 de Junio del 2015/SANTIAGO Jugadores de Chile durante el partido por el grupo A de la Copa America 2015 entre las selecciones de Chile vs Bolivia jugado en el Estadio Nacional FOTO: MARIO DAVILA/AGENCIAUNO

LA ESTACA Nº3 Marzo 2016 – Pág16 – Deporte

 

¿Campeones de la Copa América?

EL FÚTBOL QUE NO FUE…

 

  • La ANFP en la encrucijada: “todos los trapitos al sol” caiga quien caiga después de la era de Sergio Jadue, o aplicar la vieja fórmula del “gatopardismo” por la que se inclina Arturo Salah, de cambiar las cosas para que nada cambie.

 

  • La benevolencia que han tenido las autoridades del Ministerio de Justicia para no quitarle la personalidad jurídica a una corporación llena de irregularidades e ilícitos, es sorprendente.

 

  • Mientras, el devaluado torneo de Clausura 2016, se debate en la más absoluta precariedad, con 4 mil espectadores por partido y nada indica que pueda repuntar dada la pobreza de los equipos e inseguridad en los estadios.

 

Por Pappalardo

 

 

En cualquier thriller una escena en la que el presidente de una compañía un fin de semana se roba su computador con sus hombres de confianza, desconectan las alarmas y las grabaciones de seguridad para no dejar huellas, sería considerado parte de un libreto de mafias y/o narcotráfico, pero pocos imaginarían que se trató de un hecho real del fútbol chileno, ocurrido en la ANFP de Chile.

La corporación que reúne a los 32 clubes profesionales, se vio asaltada un sábado de octubre del año pasado por hombres de confianza de Sergio Jadue, quien ya tenía acordada su entrega al FBI por múltiples delitos de sobornos, corrupción y lavado de activos en  suelo norteamericano, y debían borrar su paso por la ANFP, llevándose el computador del presidente –que, probablemente, esté en el canal San Carlos, como en los casos de la colusión del papel–, e insólitamente ni siquiera se ha presentado una denuncia criminal.

Caso similar pasó con quien era uno de los brazos derecho de Jadue, el empresario UDI y vicepresidente Cristián Varela –que fue uno de los “77 jóvenes” que le rindió honores al dictador Pinochet en Chacarillas–, y quien desde la testera de la ANFP contrataba a la empresa Chilefilms, para la transmisión de los partidos del CDF (Canal del Fútbol), con un evidente conflicto de interés porque es su propietario, así como ocurrió también con las transmisiones de la Copa América y del Mundial Sub 17. Varela fue juez y parte para decidir qué empresa prestaría los servicios para la señal internacional.

Cuando la Policía de Investigaciones indagaba una de las tantas aristas de las irregularidades tributarias de la corporación concurrieron a su oficina a incautar su computador. Se encontraron que el día anterior, de pura casualidad, unos delincuentes habrían entrado a la oficina de Varela…y lo único que se llevaron fue su computador, que, probablemente, hoy también les hace compañía en las aguas del San Carlos a los notebook de los ejecutivos de Eliodoro Matte y Gabriel Ruíz Tagle, los cerebros tras la colusión del papel en la que estafaron a los chilenos por más de una década. Qué duda cabe.

Millones extraviados

Cuando Arturo Salah asumió la presidencia de la ANFP, con el nuevo directorio no imaginaron nunca que la encontrarían virtualmente saqueada. Hasta el momento las platas perdidas, entre los enjuagues por las ventas de entradas de la Copa América, el premio del torneo que nos catapultaba al fin entre los grandes del fútbol mundial, los turbios y sucesivos contratos pactados entre Jadue y Sampaoli después de ganar la Copa, totalizan varios millones de dólares extraviados de los que nunca más se supo.

Hoy las auditorías forenses que se están practicando están tratando de dar con el paradero de esas platas que se sospecha están depositadas en paraísos fiscales.

El déficit de la corporación es de tal magnitud, que el presidente anunció que deberá pactar con los jugadores nuevos plazos para pagarles los premios de la Copa América, cuando en julio del 2015, los chilenos tocamos el cielo y creímos que al fin entrábamos a la élite del fútbol mundial, lo que tras estos episodios, no pasó de ser una quimera, un sueño que terminó en pesadilla y de la cual aún no nos recuperamos.

Salah y cía., hasta el momento la única reacción que han tenido ha sido presentar dos acciones más bien simbólicas, un verdadero saludo a la bandera: la primera demandar a Jadue por “apropiación indebida” y “quienes resulten responsables” a sabiendas que tienen nombre y apellido como el mismo Cristián Varela, Nibaldo Jaque, Jaime Baeza, Alex Kiblizky y Antonio Martínez, que integraron su directorio, por la irrisoria suma de $200 millones que pertenecían a la ANFP y que Jadue utilizó en su beneficio personal para pagar un estudio de abogados en Estados Unidos, y $34 millones más por cobrar dietas del directorio, que no está permitido en corporaciones sin fines de lucro. Un chiste.

También y tardíamente presentó una denuncia al Tribunal de Honor del fútbol chileno para que Jadue y sus adláteres sean sancionados de por vida para no volver más al fútbol chileno… Otro chiste.

Penan las ánimas

Así están las cosas a nivel de la superestructura del fútbol, mientras la pelota  ya comenzó a rodar este 2016, en lo que seguramente será recordado como uno de los torneos más devaluados de todos los tiempos.

El fútbol chileno agoniza lentamente y está en la UTI. Posibilidades de recuperación muy lejanas porque los clubes se debaten entre la insolvencia por sus malas gestiones y ausencia de figuras que le den jerarquía al torneo –a pesar que se había asegurado que la Sociedades Anónimas Deportivas, SAD– serían la panacea. Al grado que la “U” si no fuera porque su principal accionista, el acaudalado empresario del grupo Bethia, Carlos Heller, le prestó US$3 millones, habría entrado en cesación de pagos.

Basta con ir a un estadio un fin de semana para atestiguarlo. Los índices de asistencia son desoladores y alarmantes. Pero la pelota sigue girando, y el Torneo de Clausura 2016 continúa como si nada de eso importase, como si bastase con seguir con la farsa y negarse a aceptar que un evento sin público en las tribunas, en la mayoría de los casos, es un pobre y paupérrimo espectáculo. Baste señalar que hoy en día los principales ídolos del medio local, son jugadores que pasaron los 30 años hace rato y que ya vienen de vuelta como Jaime Valdés (35), Esteban Paredes (35), Justo Villar (38), Gustavo Canales (36), Johnny Herrera (34), Hugo Droguett (33), y Jonathan Cisternas (35).

En las primeras cuatro fechas se ha registrado la peor asistencia en los últimos 40 años. Se han jugado 32 partidos y menos de 130 mil personas han concurrido a los recintos deportivos, promediando cuatro mil hinchas por encuentro. Vergonzoso.

Colo Colo, el más popular de todos, ha llevado a las gradas apenas 25 mil personas. En las últimas fechas jugó en Iquique y al “Tierra de Campeones” llegaron menos de 3 mil personas. En otros tiempos, las entradas se habrían agotado días antes. Los 25 mil espectadores que los albos han convocado en el arranque del campeonato se puede comparar con las 65 mil personas que fueron a verlo el 2014 y las 45 mil que pagaron su entrada el 2015, que ya fue un muy mal año.

Se pensaba que tras la conquista de la Copa América, Chile se “futbolizaría”, que daría un salto cualitativo, pero los escándalos, la corrupción, la falta de transparencia y controles que hay en el fútbol nacional, ha llevado a los chilenos a castigar la actividad. No es muy distinto a lo que ocurre hoy con el descrédito de la “clase política” tras los episodios públicamente conocidos de los vínculos con el empresariado, el financiamiento de las campañas y el cohecho de las empresas a los legisladores.

Violencia en los estadios

La creciente oleada de violencia que se registra en los estadios es la principal responsable del éxodo de hinchas. Según un estudio de la consultora “Plaza Pública CADEM”, al menos el 76% de los chilenos encuestados que acudía en el pasado a los recintos deportivos, dejaron de ir simplemente por temor.

Un dato impactante que contrasta, con la opinión del encargado gubernamental José Roa, jefe del polémico Plan Estadio Seguro, –implementado para velar por la seguridad en el fútbol– quien señala que: “Desde el año 90 a la fecha el público se ha estancado. Las fluctuaciones obedecen a situaciones de carácter deportivo, porque en el 95% de los partidos que se juegan en Chile no hay incidentes, pero así y todo la asistencia es baja”, explica.

Otra de las razones que Roa entrega para justificar esta merma es que según él “hay factores que explican la baja asistencia como la poca cercanía de los estadios en los que se ha jugado fútbol en el último tiempo, el precio de las entradas y la sensación de inseguridad”.

A nadie llama la atención toparse en los mall con hinchas del fútbol vestidos con la indumentaria de su club, a la misma hora a la que sus equipos juegan en algún estadio relativamente cercano. Algo que a muchos les habría costado imaginar hace algunos años.

Otros factores que han influido han sido los horarios en que se juega el fútbol porque se debe compatibilizar con la programación del CDF, hoy el principal sustento de los 32 clubes del fútbol profesional y que si no fuera por este maná, lisa y llanamente, varios de ellos ni siquiera podrían salir a la cancha… en estadios donde el 90% son de propiedad fiscal.

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