La crisis delos ricos es la esperanza de los pobres

LA ESTACA Nº5 – 2016 – Pág3 – Editorial

La crisis delos ricos es la esperanza de los pobres

Por Equipo La Estaca

 

El poder político, la clase dominante, los ricos de siempre y todo su sistema político y social emanan un hedor, un olor putrefacto… a muerte. Y es que el capitalismo es la negación de la vida, es la supresión del espíritu humano en un mundo inhumano caracterizado por la corrupción, la mercancía, el lucro, la ignominia, la ignorancia, entre otras pestes que día a día nos subsumen en una existencia trágica en la cual el hombre es enemigo del hombre. El mundo actual ha cambiado el pan de cada día por la violencia de todos los  días, por el robo, el terror, el asesinato en masa de civiles. Es la locura de vivir en la modernidad capitalista: autogolpes en Oriente Medio, atentados esquizofrénicos en Francia y Alemania entre otras estupideces humanas, guerra, guerra, y más guerra. Los viejos estudiosos de la “filosofía política” decían que ese tipo de escenarios eran “estados de excepción”. Lo curioso es que los pobres, los oprimidos, los explotados del mundo, vivimos en un permanente estado de excepción, en un continuum de violencia sobre nuestros cuerpos. En fin, a todo esto le llamamos crisis de los ricos y poderosos (agréguese otro tipo de bichos).

Lo que siempre habíamos sospechado, hoy es evidente para la gran mayoría. Los “políticos de siempre” junto a los “ricos de siempre” haciendo lo de “siempre”, cagándose a los pobres. Y es que son unas ratas, ni lo más sagrado es respetado, nuestra alimentación y salud son profanadas por la colusión de las grandes farmacias y supermercados, sin duda, una política de muerte dirigida y orquestada por los payasos en el poder que condenan a los “más” al hambre y a la enfermedad. Pero la orquesta sigue, no contentos con jugar con nuestros estómagos, literalmente nos cagan (no se olviden de la colusión del papel higiénico)… y es que ya ni cagar tranquilos podemos. Es terrible, mientras nosotros cumplimos mes a mes con los impuestos pagando el IVA en todo (que no sabemos en qué bolsillo van a parar), los perlas se encargan de evadir, de emitir boletas falsas, de cometer fraudes tributarios, de robarse las platas del cobre. Bueno, todo esto es parte de lo que llamamos crisis de los ricos y poderosos.

Los pobres no somos tontos, no nos gusta el olor a podrido que emana del poder político, y, por lo tanto, hemos dejado de participar de sus cómodas e inservibles instituciones, es lo que los doctos en el tema denominan “crisis de participación”. Hemos dejado de creer el discurso barato de las dos derechas, Chile Vamos y Nueva Mayoría, lo que los expertos denominan “crisis de legitimidad”. En pocas palabras, está quedando la grande y es, nuevamente, una crisis de los ricos y poderosos.

Y es en este momento que señalamos: la crisis de los ricos es la esperanza de los pobres. Esto es evidente, lo viejo y putrefacto está muriendo, lo nuevo comienza a brotar heroicamente y el mañana comienza a diseñarse en la movilización de miles de estudiantes y trabajadores en todo Chile. He ahí una esperanza, la esperanza de los pobres, el mañana que se construye al calor de la lucha. Pero nada es fácil para este generación de jóvenes, los medios de comunicación tradicionales, que también huelen a podrido, se encargan de criminalizar día a día a los estudiantes, a los trabajadores, a los mapuche, a todos los que se movilizan en contra de “su sistema”. Lo cierto es que los criminales son ellos, con sus mentiras, con su complicidad frente a la represión policial (de esos brutos por naturaleza). Y es que tenemos que observar la realidad, mirar nuestro entorno, tomar conciencia de lo que está pasando, otra vez más, nuestras reivindicaciones son justas, no más AFP, educación gratuita, vivienda digna, nuevo código laboral, autonomía a la nación mapuche, entre otros gritos de guerra, pero cuál es la respuesta?, represión, violencia, guanaco, pan de molde, carnicero, zorrillo, chanchos y quizás que otro animal sea adoctrinado por la clase dominante.

Es momento de la rebeldía, o más bien, de la revolución para poner fin a la catástrofe y realizar por fin ese sueño redentor.

La Estaca no es ajena a este movimiento dialéctico entre la muerte de lo viejo y el nacimiento de algo nuevo. Nuestra palabra está dirigida como ataque escrito a las entrañas del poder. En efecto, no podemos olvidar que hemos nacido para dar muerte a ese vampiro chupasangre (el que roba la sustancia vital, el trabajo a las y los pobres de Chile, Nuestra América y del mundo). Ahora bien, hay que ser enfáticos en una cuestión, nuestra esperanza no consiste en una espera, sino en cosechar, por medio de la acción, hoy, los frutos del mañana. Seguiremos, intransigentes, desde esta trinchera de lucha, escribiendo el grito de los oprimidos.

 

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