Táctica y acción política. Documentos MIR 1965-1974

LA ESTACA Nº5 – 2016 – Pág19 – Reportaje

 Táctica y acción política. Documentos MIR 1965-1974

Por Patricio Cid

Presentación realizada por Patricio Cid del libro compilatorio de los documentos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR entre los años 1965 a 1974, de Plataforma Nexos y publicada por Ediciones Escaparate

Agradezco la invitación y felicito a los compañeros que dedicaron el libro a las compañeras fundadoras del MIR. Me adhiero al homenaje y lo extiendo a todas las compañeras que militaron en el Partido.

Leer en forma ordenada los documentos del MIR desde su fundación hasta el año 1974 significa repasar la historia vivida y volver a percibir miles de imágenes y sentimientos, pero por sobre todo volver a aquilatar la enorme riqueza presente en el proyecto revolucionario del MIR y por lo tanto, el extraordinario valor que tiene su publicación  para las nuevas generaciones, sobre todo para aquellos que siguen empeñados en llevar adelante el proyecto revolucionario.

El libro se inicia con dos documentos maravillosos: la Declaración de Principios y el Programa, que tiran al tacho de la basura las concepciones reformistas, burocráticas y parlamentaristas que históricamente había tenido el conjunto de la izquierda, para dar paso a una propuesta revolucionaria.

Rompe con las concepciones impuestas por el reformismo, con el concepto de una revolución por etapas donde se debía pasar por una primera, de alianza con la burguesía nacional como sector progresista de la sociedad.

Nos convoca a asumir la tarea de construir un proyecto revolucionario. Nos dice que la revolución es necesaria y es posible y por sobre todo que es la única salida para que los oprimidos y explotados se liberen. Se transforma en un compromiso donde no existen atajos ni vacilaciones, como tampoco salidas intermedias que sólo llevan al fracaso.

En esos primeros documentos el MIR plantea una ruptura con todo el planteamiento de izquierda precedente que no sólo tiene que ver con los caminos o vías o formas de lucha sino fundamentalmente con el carácter de la revolución: Revolución socialista o caricatura de revolución. Y en este contexto la imposibilidad absoluta de hacer una revolución verdadera por medio de la vía pacífica y por lo tanto la tarea fundamental para los revolucionarios es preparar las mejores condiciones para el enfrentamiento.

Los capítulos 2 y 3 nos plantean con más precisión el carácter que asumirá la lucha y apunta a diseñar los elementos estratégicos que nos lleven a un proceso de acumulación de fuerza social revolucionaria. Se fortalece la necesidad de implementar la lucha armada. El documento “No a las elecciones lucha armada único camino” es elocuente al respecto:

“Afirmamos que quienes ofrecen ir a las elecciones a hacer propaganda para la revolución aprovechando el mayor interés de las masas, son presas en los hechos, del oportunismo. Es entrar a ratificar una superestructura legal que rechazamos. La tarea de los revolucionarios es mostrar a las masas los verdaderos caminos, no los desvíos que sólo las alejan de sus tareas históricas fundamentales”.

El artículo del capítulo 3 “Sólo una revolución entre nosotros puede llevarnos a una revolución en Chile” especifica la necesidad de acerar a la organización y a todos los militantes preparándolos para el accionar armado que aparecía como próximo.

Para poder escribir estos documentos el partido ya había tenido que estudiar y profundizar la lectura de los principales pensadores revolucionarios y sobre todo estudiar las experiencias de las revoluciones triunfantes como de las en desarrollo.

Estos capítulos reafirman la necesidad de acumular fuerzas en todos los planos así como la necesidad de asumir la tareas revolucionarias futuras con la máxima seriedad y compromiso.

Hacer realidad la construcción de un proceso revolucionario, significa ligar el pensamiento a la praxis concreta, proceso que no sólo queda en los escritos sino que se liga al trabajo concreto con los más amplios sectores de las masas donde destacan los trabajadores como fuerza fundamental lo que posteriormente se expresa en la organización de los Cordones Industriales y de las Coordinadoras de Trabajadores, como paso previo en la construcción de los Comandos Comunales en la perspectiva de construir el poder dual. A nivel de los campesinos que corren los cercos, se toman los fundos e implementan  por medio de la acción directa, el avance del proyecto de la Reforma Agraria. A nivel de pobladores que a lo largo de Chile se toman terrenos y construyen campamentos en los que el pueblo se organiza militantemente con una perspectiva revolucionaria.

En el sector de la juventud, las posiciones revolucionarias no sólo ganan elecciones en las federaciones sino fundamentalmente desencadenan un proceso de acumulación de fuerza social revolucionaria juvenil en la medida que los jóvenes se desplazan hacia los campamentos de pobladores, a las tomas de fundos. La mayoría de los jóvenes miristas nos fuimos a vivir a poblaciones marginales o formamos parte de la vida campesina junto a los mapuche y campesinos pobres de las regiones de Linares, Chillán, Arauco, Cautín, Valdivia. Trabajo concreto, teórico y práctico que incluía la preparación en el campo militar.

Sin duda los escritos del MIR nos dejan meridianamente claro la importancia de la organización. La importancia del partido revolucionario.

Como lo escribe Lukacs: “El partido por su acción propia y por su influencia sobre la acción del proletariado y los otros sectores sociales oprimidos acelera la maduración de las tendencias que conducen a la revolución. El partido se vuelve a la vez y con el mismo grado de intensidad productor y producto, paso previo y fruto de los movimientos revolucionarios de masas. El Partido no tiene por tarea imponer a las masas un tipo determinado de comportamiento abstractamente elaborado, sino por el contrario aprender permanentemente de las luchas y de los métodos de lucha de las masas. Ligar a la totalidad de las luchas revolucionarias futuras lo que las masas han inventado espontáneamente, gracias a su instinto de clase, para emplear las palabras de Marx, explicar a las masas su propia acción no sólo para asegurar la continuidad de las experiencias revolucionarias sino también para activar conscientemente el desarrollo ulterior de dichas experiencias” (Lukacs: Lenin).

Solo la organización partidaria hace posible el nivel alcanzado por el MIR.

El MIR teórica y prácticamente hizo grandes aportes al proyecto revolucionario: El análisis correcto de las fuerzas que se enfrentaban. Caracteriza a la sociedad como capitalista  sin resabios feudales como apuntaba el  reformismo. El análisis del  bloque dominante y sus relaciones estrechas con el imperialismo, como el análisis de las fuerzas motoras de la revolución, con el rol fundamental a la clase trabajadora y donde se instala el concepto de los pobres del campo y la ciudad, integrando a las tareas revolucionarias a los sectores más empobrecidos de la sociedad, los campesinos pobres que se quedaban en el espacio rural, como a los que emigraban a las ciudades integrando los cordones de miseria, entonces conocidos como poblaciones callampas, desde los que se impulsaría el desarrollo de  la organización de los pobladores que después de heroicas jornadas de lucha con tomas de terrenos desarrollarían la construcción de los campamentos, especialmente en el período del gobierno democristiano y durante el de la Unidad Popular.

El capítulo 4 nos muestra la capacidad de análisis de la dirección del MIR que hizo posible la adecuación táctica a los cambios que generó el triunfo de Allende y la Unidad Popular, adecuaciones que partían del análisis de que si bien el triunfo electoral no era del Partido, no significaban una derrota, sino por el contrario se abrían más y mejores condiciones para avanzar en el proyecto revolucionario.

El Partido llama a “Organizar el pueblo, profundizar los niveles de conciencia y prepararlo política y militarmente”.

El MIR hace los máximos esfuerzos por ampliar y fortalecer la organización de los sectores más concientes de los trabajadores, campesinos, pobres de la ciudad y el campo, en los Frentes Intermedios que va creando.

Se marca el énfasis en la movilización de las masas y en su organización en forma de poder independiente de la institucionalidad en el contexto de cambiar favorablemente la correlación de fuerzas. Esto significó un permanente enfrentamiento con las posiciones reformistas y vacilantes, las que finalmente se impusieron en el seno del pueblo y fueron causa fundamental de la derrota.

En ese periodo que el MIR definió como pre revolucionario,  cuando las contradicciones entre las clases en pugnas llegan a un nivel más alto, las correlaciones de fuerzas se modifican todos los días y hace necesario un análisis permanente de diferentes indicadores: económicos, sociales, políticos, militares. Medir minuto a minuto las fuerzas acumuladas en el campo del pueblo y las que posee el enemigo, al mismo tiempo que diseñar en forma permanente políticas que apunten a fortalecer el campo popular.

El capítulo 5 nos muestra la contra ofensiva de la burguesía. El esfuerzo que desarrollan los revolucionarios y especialmente el MIR por acumular fuerza a nivel de la clase trabajadora y los pobres del campo y la ciudad.

Retrospectivamente podemos señalar que el año 72 se inicia la contrarrevolución. El gobierno pierde la iniciativa, quien seguía siendo el sector hegemónico en el campo popular, mientras los revolucionarios no alcanzaban a acumular la fuerzas suficientes para desplazar la conducción reformista. Por el contrario el reformismo burgués representado por sectores de derecha de la Unidad Popular más la Democracia Cristiana ganan posiciones al lado del reformismo obrero.

Las políticas reformistas y claudicantes se imponen al interior del gobierno mientras se empieza a golpear y perseguir a las fuerzas revolucionarias.

El capítulo 6 nos hace ver el desenlace próximo: la capitulación del gobierno y el triunfo de las fuerzas reaccionarias.

El último momento posible  para revertir la dinámica antipopular ya desatada, por parte de los revolucionarios fue a partir del tanquetazo del 29 de junio del 73. Los sectores revolucionarios, en diferentes puntos del país toman la iniciativa y se colocan al frente del movimiento de masas, como ocurre en la zona del carbón (Coronel, Lota y Curanilahue), en el complejo maderero en Valdivia y en algunos campamentos en Santiago. Sin embargo las políticas reformistas y claudicantes ganan fuerza al interior del gobierno, se instala un ministerio cívico-militar, se detiene y tortura a los marinos revolucionarios y se inicia la represión a los sectores obreros más organizados y comprometidos.

Toda la grandeza de Miguel Enríquez y del Partido se reflejan  en el último discurso pronunciado en el Teatro Caupolicán de Santiago el 14 de julio de 1973. Era el llamado a pasar a la ofensiva y a prepararse para las luchas en todos los terrenos. Sin embargo, en ese momento, el Partido ya estaba golpeado, muchos de sus dirigentes eran perseguidos, los principales cuadros de la marinería encarcelados y torturados y como se había abandonado el proyecto estratégico de las zonas guerrilleras de retaguardia el año 71, el desenlace previamente anunciado nos encontraba en una situación de mucha debilidad.

Retrospectivamente podemos afirmar que las políticas reformistas, en cierta medida, habían metido una cuña al interior de la organización. En los días previos al golpe militar la dirección del partido implementó una táctica, que se apoyaba en una supuesta respuesta por parte del gobierno y de los partidos de la Unidad Popular, incluso de los sectores reformistas. Gran error.

Nos equivocamos entonces al señalar que vivíamos el fracaso del reformismo y no de los revolucionarios. Era una derrota de todos en la medida que no habíamos sido capaces de levantar con fuerza una política revolucionaria propia y siempre estuvimos ligados a las políticas de la Unidad Popular y con ello nos amarramos a su trágico destino.

Quizás Miguel Enríquez tenía razón en una perspectiva estratégica. Aquella fue la derrota del reformismo, como lo fue también  la experiencia reformista de la Unión Soviética, y como lo esta siendo a través de los cambios que se van produciendo en países tan emblemáticos como China y Vietnam.

En general los miristas nos centramos en la crítica que apunta a los errores cometidos en el proceso de acumulación de fuerzas y fundamentalmente en desarrollo de fuerza militar propia. Sin embargo, si analizamos lo acontecido en otros procesos revolucionarios nos damos cuenta que, incluso en aquellos países donde el proceso de acumulación de fuerzas hizo posible la conquista del poder, sin una nueva praxis donde las clases explotadas se transformen a través de su praxis en clase para si, la fuerza militar y la conquista del poder, no aseguran el futuro de la revolución como tampoco las conquistas económicas por parte de la clase trabajadora garantizan un proceso liberador que signifique terminar con la enajenación.

Desde una mirada retrospectiva, así como valoramos todos los aspectos positivos nos llama la atención algunos puntos débiles  que sin duda tuvieron repercusiones posteriores. libroMIR

Nos referimos a la falta de un diagnostico más preciso con el acontecer de los sectores dominantes a nivel mundial. En esos años ya se estaba incubando el futuro proyecto neoliberal y existían señales diversas que apuntaban en esa dirección.

Por otro lado vemos una debilidad en el análisis del campo socialista y nuestra crítica era aun muy esquemática en contra del estalinismo.

Tuvimos debilidades en nuestros planteamientos políticos  estratégicos. Es cierto que en aquellos años no eran accesibles los Manuscritos económicos filosóficos de Marx, como tampoco los Grundrisse, no conocimos a Antonio Labriola y cuando los compañeros revolucionarios brasileños nos trajeron el libro Historia y Conciencia de Clases de Lukacs, no le dimos la importancia que ello tenía, como tampoco tuvimos conocimiento o no nos interesamos de la rica discusión que se había dado al interior de la Revolución Cubana en la que el Che critica duramente el marxismo vulgar de los soviéticos e instalaba postulados de la filosofía de la praxis, que en lo personal recién entro a conocer cuando me vinculo al movimiento guevarista, a quienes agradezco el hecho de abrirme el camino para dicho conocimiento.

Sin embargo, a pesar de aquellas debilidades, al releer los documentos del Partido uno se emociona por la riqueza de los escritos y por los aportes entregados.

El proyecto revolucionario esta por construirse y será la tarea de las nuevas generaciones.

El proyecto revolucionario a construir debe partir de las bases teóricas legadas del marxismo como filosofía de la praxis, donde la filosofía deja de ser sólo interpretativa para disponerse a transformar el mundo en una concepción incompatible con toda pretensión dogmática, con todo burocratismo y con toda petrificación de la realidad histórica. Concepción que se ha desarrollado en el movimiento revolucionario a partir del propio Marx seguido por los aportes de Antonio Labriola, Georg Lukacs, Korsch, Gramsci, Kosik, Erich Fromm,  la escuela yugoslava de la praxis, Adolfo Sánchez Vásquez, en nuestra América, los de Mariategui y sobre todo la figura de Guevara quien se caracterizó por su aguda crítica a la escolástica soviética, a la burocracia y a todas las concepciones dogmáticas que deformaban intelectualmente a la sociedad y que llevaron a los más estrepitosos fracasos.

Al igual que el año 1965 hoy, la revolución sigue siendo necesaria y posible.

Las nuevas generaciones, y seguramente, las posteriores serán las encargadas de hacer realidad los sueños que los viejos no fuimos capaces de alcanzar, pero aprovecho el momento para señalar que tenemos la tarea pendiente de un gran balance histórico de nuestro que hacer.

 

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