A 45 años de la Nacionalización del cobre

Una breve historia de los trabajadores y trabajadoras en el Complejo Minero Industrial de Potrerillos y El Salvador (1922-2016)

Por René Cerda Inostroza, Grupo Anarquista Cangalla, desierto de Atacama

Potrerillos (1922) y El Salvador (1959) fueron construidos dentro de la lógica de las Company Town estadounidenses, una zona industrial y una zona habitacional, las cuales además tendrían una serie de servicios. Dichas zonas habitacionales, responden a una serie de patrones que al momento de ser diseñadas contarían con especial atención, en primer lugar el concepto de familia unida, que era visto en dos dimensiones, una desde lo privado buscando que dentro del hogar las relaciones fueran cordiales y dentro de los parámetros impuestos por la empresa y la moral, y la otra desde lo público, buscando que el plano urbano fuera un gran hogar, incluyendo el área industrial, en la cual el trato entre obreros y patrones debía ser símil de la relación de padres e hijos, es decir respeto y obediencia1.

Las luchas por el agua y las mejores condiciones (1922-1959)

El agua jugó un rol fundamental en el campamento minero de Potrerillos, enclavado en el desierto, pues era necesaria para la supervivencia y el desarrollo de las faenas industriales del cobre. El agua tuvo una serie de usos de distinta índole, para algunos casos fue solución y en otros era lo que provocaba problemas. Su domesticación no fue una tarea fácil, el titánico esfuerzo de cientos de hombres y mujeres por llevar el agua a las faenas fue sin duda una ardua tarea, la cual no debemos dejar que nos ciegue por su inmensidad (200 kilómetros de cañerías colocadas por obreros y transportadas en mulas), ya que sin duda sólo puede ser llevada a cabo por la explotación inhumana y el temple de los obreros que llegaron o vivían en la zona.

Una vez que el agua pudo ser domesticada, surgieron una serie de problemáticas. En primer lugar sabemos que fue un bien que generaba segregación social, se podía saber quiénes eran más importantes para la empresa o quienes tenían mayor rango por el uso y acceso que tenían al agua, generando distinciones jerárquicas al ser cortada a los obreros en ciertas ocasiones, mientras que los patrones no tenían ningún problema en regar sus jardines, por tanto la escasez del vital elemento evidenciaba distinciones de clase.

Fueron los obreros quienes impulsaron muchos cambios respecto a los usos y accesos al agua, fueron ellos los que tras constantes petitorios y huelgas, lograron que se construyera el alcantarillado y las redes de agua potable para los sectores chilenos, lo que sin duda significó un mejoramiento en la calidad de vida y las condiciones de salubridad de los trabajadores y sus familias.

El punto negro de esta historia del uso del agua en los procesos mineros es que la transformó en un agente contaminador. En la bahía de Chañaral, en una actitud completamente irresponsable, la Andes Copper Mining Company acabó con todo un ecosistema, además de condenar al puerto a una agonía que se extiende hasta el presente con la nula vida en sus aguas y una gran cantidad de enfermedades en su población.

Es con estas últimas conquistas, pero sin cuestionamiento aún a la contaminación, que termina el período que abarcó casi cuarenta años de luchas en los campamentos mineros, para dar paso a una etapa heredera de diversos aprendizajes, que se fueron gestando en las luchas por el líquido elemental derivando en la construcción del campamento El Salvador junto con el comienzo de la explotación de este nuevo mineral.

El despertar de los trabajadores del cobre, la lucha por la nacionalización (1951-1971)

La lucha por la nacionalización se fue gestando a lo largo de 20 años, los cuales fueron de altos y bajos en movilizaciones. El puntapié inicial de este período fue la fundación de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), la década del cincuenta fue para echar a andar la nueva organización, la cual si bien tuvo algunas manifestaciones solidarias entre sindicatos de los Complejos Mineros Industriales (CMI) de Chuquicamata, El Teniente y El Salvador, aún no manifestaba una madurez para poner en el tapete su principal reivindicación que era la nacionalización de los minerales.

Con la llegada de los años sesenta, comenzaron a hacerse cada vez más recurrentes las huelgas solidarias e ilegales en los campamentos mineros del cobre, cuyo punto culmine fue entre 1965 y 1966, donde la lucha por la nacionalización y contra el proyecto democratacristiano de la chilenización, generara dos grandes huelgas: la primera de carácter ilegal a fines de 1965 –la más grande registrada hasta la época– encabezada por mineros y obreros de la CTC logrando movilizar 17 mil trabajadores. Esta huelga culmina con una negociación por la liberación de los dirigentes que habían sido tomados prisioneros por el estado. A comienzos de 1966 el estado aún no cumplía su parte del trato, por lo cual en los primeros días de enero se desencadena una nueva huelga en El Teniente, esta vez de carácter legal, que será apoyada de forma ilícita por los trabajadores de El Salvador2. Los dirigentes fueron liberados, pero esta vez el objetivo era mucho más ambicioso, detener el proyecto de chilenización. Para marzo los mineros de El Salvador, quienes habían paralizado sólo por algunos días puntuales, comenzaron una huelga ilegal indefinida en apoyo a las demandas de sus pares de El Teniente.

Dicha paralización traerá trágicas consecuencias; para el medio día del 11 de marzo se produce lo que se conocerá como “La masacre de El Salvador”, siendo asesinados seis trabajadores y dos mujeres La respuesta de trabajadores y trabajadoras de Chile y diversas partes del mundo mostraron su rechazo con manifestaciones y en particular en el país, con una paralización nacional que duró dos días. Pero estos sangrientos acontecimientos no frenaron la lucha, la huelga se mantuvo aproximadamente por mes más y se alcanzan las exigencias de los petitorios de El Teniente, sin embargo no se logra detener el proceso de chilenización. Esta continuación de la huelga deja entrever los niveles de conciencia que habían alcanzado los mineros y obreros, los cuales en el período siguiente se manifestarán de gran manera en el CMI de El Salvador.

En los años finales de la década del sesenta la CTC colocaría cada vez más en el tapete el tema de la nacionalización, discurso que venía siendo apoyado por los partidos del Frente Popular y ahora por la Unidad Popular, quienes le dieron proyección en las altas esferas políticas y el congreso.

Las luchas desde abajo, la nacionalización buena y la nacionalización mala (1971-1976)

En 1969 Frei, al observar el fracaso de la chilenización del cobre, comienza el proceso de nacionalización pactada y con esta la compañía a cargo del CMI de El Salvador pasa a ser la Compañía de Cobre El Salvador S.A. (COBRESAL) la cual desplaza a la Andes Copper Minning Company y se hace cargo de los cuatro campamentos mineros y sus faenas. Es así que para 1971 en paralelo al desarrollo del plan de nacionalización, los trabajadores de COBRESAL se encontraban en huelga por un proceso de negociación colectiva, el cual alcanza solución con la visita de Salvador Allende al campamento, momento en que los obreros y mineros vuelven a sus faenas “como un acto de responsabilidad” fundamentado en la “conciencia auténticamente revolucionaria”3.

De esta forma se inician una serie de cambios en el funcionamiento de la empresa, los cuales son la cara menos visible de la nacionalización. Esta iba mucho más allá del mero cambio de patrones de las empresas transnacionales al estado chileno, sino que incluía también la entrada de los trabajadores a participar de las decisiones de la empresa.

En las distintas coyunturas que existieron en los tres años de la Unidad Popular, los mineros del CMI de El Salvador, demostraron su compromiso con el proceso que se estaba llevando a cabo, haciendo manifestaciones contra las intentonas golpistas, contra el paro de octubre durante el cual los campamentos nunca perdieron su normalidad, contra el “tanquetazo” donde salieron a las calles en defensa de su gobierno y condenando la huelga de sus pares de El Teniente. De igual forma batallaron día a día por producir más, alcanzando varias marcas históricas.

El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, marca un quiebre, y comienza lo que los obreros y sus familias recuerdan como la “nacionalización mala”. Se acabaron las asambleas y todos los procesos que los sindicatos habían llevado a cabo, a pesar de que no hubo gran cantidad de despidos, se produjeron asesinatos y desapariciones selectivas a dirigentes y gerentes de la empresa, mientras que los años siguientes fueron de calma… había que esperar el momento para volver a atacar.

Para 1976 se crea una nueva compañía, la Corporación de Cobre de Chile (CODELCO), esta unificaría a todos los yacimientos y campamentos bajo un solo alero. Sin embargo, desde abajo otro proceso se venía gestando y para ese mismo año comenzaron las primeras manifestaciones locales, estas fueron los “viandazos” los que consistían en no almorzar (o como dicen los mineros comer la “choca”) provocando que durante la jornada de la tarde la producción bajaba debido a la fatiga de los trabajadores.

De las luchas locales y gremiales a la lucha contra la dictadura (1976-1990)

Culminando la década de 1970, además de las primeras formas de manifestarse, retomaron la organización de los sindicatos y la CTC (que cabe decir no fueron ilegalizadas sino que le reasignaron nuevos dirigentes). Con la recuperación de estos comenzarían las primeras huelgas, que fueron fuertemente reprimidas por medio de la fuerza y los despidos, alcanzando varias decenas de trabajadores que eran desvinculados de la empresa, pero la CTC no se dio a torcer y convoca junto a otras organizaciones a la Primera jornada de protesta nacional. Los mineros, obreros y trabajadoras comenzaron una lucha frontal contra el tirano, y comienzan de igual manera a circular las publicaciones clandestinas, órganos de los diversos sindicatos que sirvieron de apoyo en la organización, forjando combates callejeros contra la dictadura durante la década de los ochenta. Dentro de estos combates se incluye una serie de atentados a torres de alta tensión y líneas férreas, vinculados principalmente a la simpatía que muchos trabajadores tenían con el Partido Comunista y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez con quienes colaboraban ocultando a militantes, apoyando en los atentados e incluso encabezando acciones, como cuando se vuela con dinamita el comando por el SI en el campamento de El Salvador, donde además resulta herido un carabinero que fue alcanzado por la explosión.

Pero para fines de la dictadura, la cooptación de parte de los partidos de la Concertación en los sindicatos, conllevará a una desmovilización de los mineros, obreros y trabajadoras los y las cuales luego de casi setenta años de luchas ininterrumpidas, finalmente entran en las lógicas capitalistas, en este caso en las del neoliberalismo, generándose el trabajador CODELCO apático y sin conciencia de clase.

El gran reflujo, los años noventa y los comienzos del nuevo milenio (1990-2007)

Con el retorno de los civiles al gobierno, comienza una serie de cambios en la minería del cobre, que durante la dictadura fue poco modificada en ámbitos económicos, no así con los gobiernos concertacionistas quienes permiten la entrada de trabajadoras y trabajadores subcontratados, en los cuales recaen principalmente las áreas de servicios de los campamentos: aseo, alimentación, educación, salud, etc. Cada vez irán entrando más en las faenas productivas alcanzando su peak en los primeros años de la década del 2000.

Durante estos años se gestará la actual organización combativa de los trabajadores y trabajadoras del cobre (cabe señalar que la antigua CTC en los noventa cambió su configuración y comenzó a llamarse Federación de Trabajadores del Cobre, siendo complaciente con los gobierno de turno). Esta nueva organización tomará el nombre de la antigua organización de los mineros y se denomina como la Confederación de los Trabajadores del Cobre y agrupará a los trabajadores y trabajadoras subcontratados de la estatal.

Comienza una nueva lucha… (2007-2016)

La fundación de la nueva CTC, marca un nuevo punto de quiebre en esta historia, con ella comienza una nueva etapa de conflicto, esta vez encabezada por las y los trabajadores subcontratados, quienes inician una lucha por la conquista de derechos básicos, que habían sido negados por el neoliberalismo, por mejoras en los lugares de trabajo, y por mejores condiciones económicas.

A mediados del año 2007 comienzan una huelga que se extenderá por varias semanas, la cual se verá acompañada de combates callejeros, barricadas, quemas de buses, descarrilamiento de trenes y tomas de caminos, quedando en claro las formas de presión que utilizarán los trabajadores y trabajadoras para lograr sus fines. Es de esta forma, cómo luchando de frente contra la represión policial y negociando, que logran lo que será el primer “acuerdo marco” el cual se irá renovando cada dos años sin mayores inconvenientes por algunos años.

Es en el año 2015 donde la huelga por la renovación del “acuerdo marco” vuelve a provocar una alta conflictividad y desde el 21 de julio de ese mismo año la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) comienza una paralización nacional, en todas las divisiones de CODELCO, tomándose los accesos a las faenas en Chuquicamata, El Teniente, Andina y El Salvador, este último con cortes y barricadas en la faenas pero también en la ruta que une el campamento con Diego de Almagro (ruta por la cual sale el cobre para embarcarse en el Puerto de Barquito). Para el día 23 de julio, se registraron enfrentamientos durante la tarde, resistiendo en las barricadas junto al apoyo de vecinos y vecinas, contra Fuerzas Especiales de carabineros enviados desde distintos puntos del país a reprimir la huelga de la CTC.

Los mineros y trabajadoras armados con las piedras que el desierto les entrega se defendieron como lo habían hecho durante ya muchas huelgas a lo largo de casi un siglo de luchas, demostrando las agallas que tienen para sacar el mineral de las entrañas de la tierra y también para pelear por sus derechos, mientras que las fuerzas policiales respondían con bombas lacrimógenas y disparos de escopeta, a los que se sumaron después disparos de balas, una de las cuales alcanzó a Nelson Quichillao López, trabajador salvadoreño, que prestaba servicios a CODELCO por intermedio de la empresa Geovita, recibiendo una bala en su ingle, la que momentos después le provocará la muerte. Varios trabajadores más fueron heridos, algunos de gravedad.

De esta forma las tierras salvadoreñas nuevamente se teñían con la sangre de un trabajador asesinado por el estado chileno, sumándose a los asesinados y asesinadas en la masacre de 1966 y a los detenidos desaparecidos que dejó el paso de la Caravana de la Muerte en 1973.

Pero así como durante la última década se desarrolló fuertemente la lucha contra el subcontrato, durante los últimos años han comenzado a levantarse las voces tanto de la CTC como de los diversos movimientos sociales respecto a una nueva nacionalización del cobre. Asimismo se ha puesto en el tapete el cuestionamiento a una de las más grandes herencias de la dictadura: La ley reservada del cobre, la cual aún sigue entregando grandes sumas de dinero a las Fuerzas Armadas, y que en el último año, se han visto envueltas en casos de desvío de dineros entregados por esta ley en lo que ha sido denominado como el caso Milicogate.

 

La ley Reservada del Cobre

Aunque la idea de financiar automáticamente a las fuerzas armadas a través de los recursos estratégicos de la nación se remontan al siglo XIX, la Ley 13.196, conocida como “ley reservada del cobre” es una de las más famosas, fundamentalmente por los recursos millonarios que aporta a los uniformados a partir de los recursos obtenidos por CODELCO.

Creada originalmente en 1958, la ley sufre diversas modificaciones bajo la dictadura (julio de 1976), muchas de estas bajo “leyes secretas” (conocidas recientemente). La ley establece que el 10% de la venta del metal rojo han de transferirse directamente a las FF.AA., teniendo un piso mínimo de US$180 millones por año (de no alcanzar este monto, el Fisco –todos los chilenos– deberán pagar la diferencia).

 

Notas:

1   Garcés, Eugenio, Cooper, Marcelo, Baros, Mauricio. “Las ciudades del cobre: Sewell, Chuquicamata, Potrerillos, El Salvador, San Lorenzo, Pabellón Inca, Los Pelambres”, Santiago, Universidad Católica de Chile, 2007, p. 63.

2   Nacionalización hace referencia, a la expropiación total de las minas y zonas industriales, mientras que la chilenización es el proceso por medio del cual, el Estado compró el 51% de las acciones de las empresas norteamericanas, las que con la especulación hicieron un gran negocio al vender dichas acciones casi al doble de su valor.

3   Andino, Potrerillos, 14 de agosto de 1971, p. 1.

4   El Acuerdo Marco, consiste en una serie de triunfos que llegan a regular las condiciones de los y las trabajadoras contratistas, en puntos como horas extras, contratos, becas escolares, seguros de muerte, salud, fondos para obtener viviendas, sueldos y bonos, entre otros puntos. Ver:“Los logros históricos de la confederación de Trabajadores del Cobre” en http://www.confederaciondelcobre.cl/erbocefnoc/?page_id=947

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