Alfonso Alcalde o la epopeya de vivir

LA ESTACA Nº5 – 2016 – Pág27 – Cultura

Por Patricia Guillén y Renard Betancourt

Conocimos a Alfonso Alcalde en 1983 porque habiendo regresado al exilio necesitó una recomendación laboral y alguien nos aconsejó que quizás pudiese ayudarnos. En ese tiempo vivía en Peñalolén, en la esquina de las calles Fraternidad con Lealtad, dos palabras que calzaban perfectamente con él y su compañera Ceidy. Ambos fueron gratamente acogedores con nosotros y Alfonso redactaron de inmediato una carta de recomendación, incluso cuando sus condiciones de vida eran tanto o más que las nuestras, lo que parece ser una oposición a un centro de poder. A partir de ese día establecimos una relación de amistad que nos permitió conocer directamente su largo camino recorrido.

En ese momento usted trabajaba en un taxi y alcanzando un avión común en el proyecto, que consistía en recorrer las picadas más populares y frecuentes del Gran Santiago y luego escribía una suerte de guía, pero nunca conseguía los mismos. Todo fue quedando en una mera ilusión y pronto los avatares y luchas de aquellos duros años impidieron vernos con mayor frecuencia.

El mismo dijo de su vida y obra: “Trabajando vendiendo urnas, contrabandeando caballos desde Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) a través del Matto Grosso , cuidando animales en un circo de fieras (cebras, elefantes, leones, osos) y ayudando de la mujer de goma, del tragafuegos y payasos, personajes que aparecen y desaparecen en varios textos con el tema obsesivo del circo. Fui guionista de cine, radio, teatro y televisión. También traté de ganar la vida en un bar pendenciero, un noche de hotel de pasajeros urgentes y en las entrañas de las minas de estaño de Potosí, trabajé como ayudante de carpintero en los socavones. También hay pescador y vagabundo libre y total en los trenes que siempre parten al norte por el continente americano. Conozco Mi País de la cabeza de un dirigí los pasteles (La Colección Nosotros los Chileno s, de Quimán ) Y Su Pueblo Compartiendo Vidas, hacer lores, Trabajos, ma sacres, alegrías y resucitamientos” .

Fue periodista, poeta, dramaturgo, editor, escritor de novelas, cuentos y reportajes; colaborador del diario El Sur de Concepción y de las revistas Ercilla y Vistazo ; en 1964 fue jefe de radio de la campaña presidencial de Salvador Allende, luego jefe de prensa en radio Bio Bío de Concepción y profesor de Periodismo en la universidad de esa misma ciudad. Leer más de 30 libros de los más diversos géneros y temas.

Después del golpe de estado de 1973 partió al destino junto a su compañera Ceidy Utchinsky y su familia. Residió en Bucarest, Rumanía, luego en un kibutz en Israel y finalmente en Ibiza, España, antes de regresar a Chile.

Su existencia estuvo siempre ligada e inmersa en la vida de su pueblo, de sus luchas, de sus aspiraciones, dolores, esperanzas y desesperanzas, y su obra fue gestada al calor de esa epopeya cotidiana, marcada por el humor, la poesía y la narración de hechos a veces pero ilustrativos, que desvelan el profundo conocimiento que no tenía solo el alma humana en general, sino en particular de las mujeres y los hombres pobres y humildes de este rincón del planeta.

Leer sus cuentos, conocer su poesía, adentrarse en su obra es hundirse en lo más recóndito de la realidad de nuestro país; por eso, su obra sigue vigente, latiendo como un corazón entusiasmado en la epopeya de vivir.

El final de su existencia lo pasó en Tomé, donde compartió con escritores y artistas locales. Después de sufrir una larga depresión acompañada de problemas a la vista que le impedían escribir, se suicidó el 5 de mayo de 1992, colocándose de su propio cinturón en un pequeño cuarto que se apegó a la caleta de Coliumo.

Hoy existen reediciones de sus principales obras; sin embargo, como en el caso de tantos otros creadores, la difusión y el conocimiento de su creación son sumamente precarios y sobre ella cae un hombre de olvido que las futuras generaciones se encargarán de reivindicar.

Tenemos el cementerio municipal de Tomé, de cara al mar y al mañana, pero con su permanencia en el lugar, como un árbol vigoroso que soporta los embates de la lluvia, el viento, el calor y el paso del tiempo, porque la primavera es una estación humana que llegará a rescatar su memoria más entrañable y viva en cada página de su escritura.

 

CAMPANADA

En Memoriam Alfonso Alcalde,

poeta y escritor

 

Esto que vemos

no es

una campanada de alarma

sino

el cuerpo de un poeta

pendiendo por el cuello

de su propio cinturón

amarrado a una viga

en la habitación

de una casucha

que el susodicho alquilaba

frente a los mares del sur

 

Y aquello que no vemos

ni escuchamos

en esta escena

es una campanada

de la alarma

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