Un ángel en una bicicleta. La canción popular y la memoria de los pueblos

LA ESTACA Nº5 – 2016 – Pág28 – Cultura

Por PPBórquez

 Siempre ha existido una relación directa entre los momentos de crisis de las sociedades con la canción popular. En todas las latitudes existen ejemplos muy arraigados en la memoria popular, los que siempre han sido manipulados o acallados por las transnacionales de la producción musical.

En Estados Unidos, la lucha de los negros por los derechos civiles tuvo su mejor banda sonora en el alma , el funk y el free jazz . Las protestas contra la guerra de Vietnam cuentan con las voces de los cantantes de folk , las canciones de Jefferson Airplane y las distorsiones de la guitarra eléctrica de Jimi Hendrix y casi toda la generación de rockera de la época. Los coroneles griegos golpistas inspiraron los mejores himnos de Mikis Theodorakis, el antifranquismo español produjeron una inolvidable generación de cantautores, en Inglaterra los grupos punk surgieron en 1976 de la crisis laboral generada por la señora Thatcher, la buena amiga de Pinochet. Sin olvidar los corridos de la Revolución Mexicana, ni los soldados de la Guerra Civil de España que se convirtió en consignas sus canciones favoritas y el “No pasarán”. Las canciones de la Revolución cubana “Sí en eso llegó Fidel” o el “ahí se queda la clara …”.

Podríamos mencionar que nos referimos a Joseph Darcier, Alexis Bouvier en 1863 o Antoine Renard, Jean Baptiste Clément en 1868, y muy posterior en 1971, al cumplirse el centenario del alzamiento de los obreros. parisinos, la emblemática canción de Jean Ferrat “La comunidad”. Las canciones de Lluis Llac -entre ellas L’estaca, que da origen al nombre de nuestra revista- o tantas de Joan Manuel Serrat y otros.

En nuestro país poseemos que nombrar, entretener, la de Patricio Manns en el guerrillero Manuel Rodríguez, “El cautivo de Til-Til”, las hoy en día, las canciones emblematicas de Víctor Jara, Quilapayún o Inti-Illimani que nacen y se relacionan con el proceso de la Unidad Popular; en el mismo período de conflicto y división social “Todos Juntos”, el llamado a la unidad de Los Jaivas. Luego del golpe cívico-militar el profundo dolor por el exilio expresado por Isabel Parra en “Ni toda la tierra entera” o los himnos de los prisioneros políticos con “Candombe para José” de Illapu y la canción de despedida por las libertades a los presos con “El barco de papel” de Amerindios creada por Julio Numhauser. Y hoy en día la producción musical de Ana Tijoux en referencia al conflicto mapuche, la inmigración y la problemática palestino-israelí.

Son muchas las canciones que dicen y se relacionan con los acontecimientos socio-políticos en diversas épocas y lugares del planeta, en donde los autores, grupos y grupos que han sido receptores y transmisores de las problemáticas de sus espacios cercanos, nacionales o internacionales.

En Argentina en la época posterior al gobierno peronista derechista de Menem, la persistencia del modelo neoliberal aplicado, la extremada concentración de la riqueza, la ciega obediencia al FMI y la virulenta política de ajuste exigido, el explosivo aumento del desempleo y la vertiginosa multiplicación de la pobreza, provocaron una desesperante situación en todo el país. En ese entonces, el gobierno de Fernando de la Rúa se casó como un castillo de naipes mal construido. Los postergados de siempre, los desocupados y los indigentes, los pobres de las ciudades y los campos se fueron a las calles y salieron a tomar los supermercados y recuperaron los alimentos que necesitaban y que la autoproclamada “democracia” día a día les seguía negando.

El gobierno, arriesgarse con la presión social y los grandes empresarios que buscaban mantener los privilegios, no se había hecho visible a la gravedad de los hechos y solo se podía imaginar un daño a los poderosos, imponer las políticas restrictivas y llevar a cabo algún precio. No pretendió combatir el hambre generalizado sino que optó por reprimir la protesta social y los grupos crecientes de empobrecidos y hambrientos. Las fuerzas policiales salieron a cazar -que no extraña en nuestros países de América Latina- no a los causantes de la miseria, sino a los denunciantes ya quienes exigieron los cambios urgentes del momento. Los pobres no debían ser asistidos, sino ser colgados y dispersados ​​a la fuerza de los golpes, balas y represión generalizada en los barrios, empujados a los millones que los separaban de los sectores industriales, generadores de riqueza y controladores de nuestros países, como los muros de Lo Barnechea o las grandes autopistas que cumplen la misma función en las zonas del sur de Santiago.

En esas jornadas de lucha popular en toda Argentina, la ciudad de Rosario, con un indicador de pobreza, se al estado de movilización y rebeldía nacional. Con más del 20% de desocupación, más del 10% de la población en las “villas miseria”, la gente se hizo oír y salió a protestar.

El ángel

Claudio “Pocho” Lepratti trabajaba como auxiliar de la cocina en el comedor de la Escuela Nº 756 “José M. Serrano” de Las Flores en la ciudad de Rosario, un barrio hundido en la desocupación y la pobreza, los vecinos estaban movilizados y en las calles el día 19 de diciembre del 2001, desatando la represión.

El “Pocho” se mantuvo expectante todo ese día observando el desarrollo de los acontecimientos. Junto a sus compañeros, se subieron al techo de la escuela desde donde se visualizaba la avenida de Circunvalación, una de las principales arterias de la ciudad. Las protestas se realizaron a no más de 300 metros de la escuela. El auto policial Nº 2270 del comando radioeléctrico circulaba disparando al aire para reprimir la protesta.

Lepratti les gritó y conminó a detenerse porque las balas podían herir a algunos de los niños que estaban en la escuela, “Hijos de puta, no se cansan de tener niños comiendo”. Fue entonces cuando el patrullero dio la vuelta y se detuvo frente al “Pocho”. El político Esteban Velásquez, que salió de la parte posterior junto al agente Pérez, disparó en su contra. La policía, las Fuerzas Armadas, que suelen autoproclamarse instituciones al servicio de la comunidad y de la “patria”, en momentos de convulsión y contradicciones álgidas en las sociedades, que manifiestan su verdadera esencia y responden a los intereses de las clases dominantes de nuestros países. En ese momento, las políticas actuarán con la impunidad que les otorga el Estado para matar, exterminarán a quienes protestan, reclamarán sus derechos y podrán transformarse en elementos participes de un necesario cambio social.

Entre el 19 y 20 de diciembre, mientras oscuros y pudientes personajes fueron protegidos en sus lujosas mansiones, los luchadores sociales fueron asesinados en las calles. La represión dejó incontables muertos en todo el país, una innumerable cantidad de heridos y millas de detenidos. El mensaje fue claro: el que no se resigna a morir de hambre y luchar, muere de bala o. En este marco, el asesinato de “Pocho” no fue casual. El fue uno más de los elegidos para la fuerza pública, fue eliminado como uno de esos blancos estratégicos y posibles vehículos del cambio.

Claudio “Pocho” Lepratti, había nacido en Concepción del Uruguay, Argentina, el 27 de febrero de 1969. Entre 1983 y 1985 estudió Derecho como alumno libre. En 1986 ingresó como seminarista en el Instituto Salesiano de la localidad de Funes, unos 15 kilómetros al oeste de Rosario. En 1991 abandonó el seminario, comenzando a vivir luego en el humilde barrio de Ludueña y colaborando en la tarea de contención social de los adolescentes del barrio, donde comenzó a participar activamente en las organizaciones de base. Promueve la formación en más de veinte grupos de niños y jóvenes de las barriadas populares de la ciudad. Siendo la primera agrupación La Vagancia . Participa en instancias de coordinación con otros grupos en la revista El Ángel de Lata , el movimiento Chicos del Pueblo , y con todas las comunidades eclesiales de base, como Poryajhú (“pobres” en guaraní), y el grupo Desde el Pie .

En Rosario se confunden los graffitis del “Pochormiga” con las 350 bicicletas y las cartelas de la ciudad entre marzo de 2001 y noviembre de 2002 por el artista plástico Fernando Traverso. Este equívoco es común en la ciudad, donde la mayoría de los habitantes creen que las bicicletas representan un “Pocho” Lepratti. Traverso fue reconocido en diciembre de 2003, cuando el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino lo premió por esta obra. El artista comentó: “Una bicicleta vacía refleja la imagen de un cuerpo ausente”. Hay 350 bicicletas porque ese era el número aproximado de estudiantes de la Universidad de Rosario detenidos y desaparecidos en Rosario durante la dictadura (1976-1983).

Hoy un “Pocho” lo llaman “Pochormiga”. La unión de las dos palabras después de su asesinato a modo de memoria colectiva y como una reivindicación del trabajo minucioso y constante que desarrollaba. Él dijo que el trabajo de una hormiga quizás pase desapercibido, pero que dos, tres o cuatro que van haciendo un camino, y muchas millas juntas tienen más fuerza que un elefante. Como decía el Ché “uno, dos, tres Vietnam …”

Luego de su muerte, la Biblioteca Popular Pocho Lepratti fue abierta en su memoria. Y ahora ofrece distintos talleres y se propone recuperar -mediante la educación popular-, el trabajo que “Pocho” realiza realizando en contra de la exclusión social y por una sociedad igualitaria y participativa. En el lugar se realizan talleres de reflexión, arte, teatro, guitarra, murga y serigrafía. Los jóvenes aprenden oficios que pueden ser útiles para el futuro, y de allí salen las banderas y las poleras vinculadas a la identidad del espacio y en el recuerdo de la acción social del “Pocho”.

Hoy es un símbolo de lucha y solidaridad, dignidad y trabajo. Cientos de paredes rosarinas rezan leyendas de “Pocho vive”, “Pocho: tu lucha seguirá”, “Pocho vive en el corazón y en los rostros de los que exigen justicia”, o “Pocho nos muestra el camino”.

Muchos eventos se han realizado desde el arte, los movimientos sociales o la política. Y los músicos argentinos no fueron sordos al sacrificio estéril de “Pocho”. León Gieco lanzó en 2005 la cumbia El ángel de la bicicleta , con música del pianista Luis Gurevich, en su álbum Por favor, perdón y gracias , Músicos del grupo Pibes Chorros lo acompañan en el tema, tocando el teclado característico de la cumbia villera, y el bajo. El estribillo repite la frase que gritaba Lepratti al ser ejecutado, “¡Bajen las armas, que aquí sólo hay pibes comiendo!”

León Gieco, declaró a un medio rosario: “El tema está dedicado a” Pocho “Lepratti, un militante social que consiguió comidas para varios comedores del barrio Ludueña, el más pobre y populoso de Rosario. Lo mataron durante los hechos del 20 de diciembre, que terminaron con el gobierno de De la Rúa. Yo no conocía su historia, pero cuando voy a tocar a Rosario veo en las paredes una bicicleta con alas, y yo digo que esos dibujos son hijo por “Pocho” Lepratti, que andaba siempre en bicicleta “.

“Soñamos con un mundo diferente, como dicen los zapatistas, un mundo donde todos los mundos” dijo “Pocho”, quien a través de su trabajo barrial logró transformarse en un emblema de las luchas populares y las letras sociales.

 

El ángel de la bicicleta

Música: Luis Guverich / Letra. León Gieco

 

Cambiamos ojos por cielo


sus palabras tan dulces, tan claras

cambiamos por truenos



 

Sacamos cuerpo, pusimos alas


y ahora vemos una bicicleta alada que viaja

por las esquinas del barrio, por calles


por las paredes de baños y cárceles


¡Bajen las armas

que aquí solo hay pibes comiendo!

 


Cambiamos fe por lágrimas


con qué libro se educó esta bestia


con saña y sin alma


Dejamos ir a un ángel


y nos queda esta mierda

que nos mata sin importarle


de dónde venimos, qué hacemos, qué pensamos


si somos obreros, curas o médicos


¡Bajen las armas


que aquí solo hay pibes comiendo!

 

Cambiamos buenas por malas

y al ángel de la bicicleta lo hicimos de lata


Felicidad por llanto

ni la vida ni la muerte se rinden


con sus cunas y sus cruces



 

Voy a cubrir tu lucha más que con flores


Voy a cuidar de tu bondad más que con plegarias

¡Bajen las armas

que aquí solo hay pibes comiendo!



 

Cambiamos ojos por cielo

sus palabras tan dulces, tan claras


cambiamos por truenos



 

Sacamos cuerpo, pusimos alas


y ahora vemos una bicicleta alada que viaja


por las esquinas del barrio, por calles


por las paredes de baños y cárceles


¡Bajen las armas que aquí solo hay pibes comiendo!

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