EL OTRO DIÁLOGO… La música ha reabierto nuevos caminos entre Cuba y Estados Unidos.

Cultura

 

Por: PPBórquez

 

Son sólo 150 los kilómetros que separan ambos territorios y en noches limpias es posible ver el resplandor luminoso de ambas costas separadas por las aguas de un mar que ha visto cruzar expediciones de diferente signo –victoriosas y derrotadas–, ha tragado cientos de hombres, mujeres y niños que intentaban cruzarlo en pos de una ilusión.

Pero en la historia de Cuba y Estados Unidos esa distancia es infinitamente mayor a causa del bloqueo que aplica unilateralmente el imperialismo desde los 60’. Sin embargo, a raíz del anuncio, comienzo y desarrollo de negociaciones, reapertura de embajadas y especialmente de la visita del presidente Barack Obama a Cuba este año, la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países, se vislumbra un futuro distinto en diversos ámbitos y muy particularmente en el terreno musical y el de la cultura en general.

En este ambiente de expectativas y cambios el Instituto Cubano de la Música (ICM) ha anunciado que estudia reeditar el histórico festival “Havana Jam” que en 1979 unió a leyendas de la música de Estados Unidos y Cuba.

El evento referido se realizó el primer fin de semana del mes de marzo de 1979, en que en los días 2, 3 y 4 se rompió momentáneamente el férreo bloqueo imperialista a la isla, reuniéndose un grupo de bandas y solistas yankis y otras latitudes de primerísima línea con importantes representantes de la música cubana en una serie de conciertos realizados en el Teatro Karl Marx de La Habana, uno de los mayores recintos de la isla con capacidad para unas cinco mil personas.

Existían antecedentes previos a su concreción; el más importante de todos fue el gran impacto logrado por el grupo de jazz afrocubano Irakere en la escena jazzística internacional, con el célebre concierto en el Festival de Jazz de Newport de Nueva York en 1978. Antes el grupo ya se había estado insertando lentamente en el mercado musical estadounidense y fue en ese mismo periodo que la banda dirigida por Chucho Valdés logró el primero de muchos premios Grammy. Estos éxitos facilitaron la reapertura de un canal de comunicación a nivel musical entre ambos países, el que se había cerrado luego del triunfo de la Revolución y el posterior inicio del bloqueo en febrero de 1962; el otro hecho fue la apertura de oficinas consulares en ambas capitales.

Los preámbulos del “Havana Jam” se remontan a 1977, cuando Jimmy Carter –presidente estadounidense de la época– y el Comandante Fidel Castro se plantearon suavizar las tensiones entre ambos gobiernos. Paralelamente, comenzaba el boom de la salsa, el género musical caribeño por excelencia, por lo cual el director de la CBS Records decidió tener un contacto más directo con la música cubana. En abril de 1978, junto a un pequeño grupo de músicos de su compañía, realizan un viaje de cuatro días a La Habana y la sorpresa fue grande al descubrir el desarrollo de la música en la isla y que por ese “paréntesis” obligado les era desconocido; todos se impresionaron con las novedades que descubrieron allí, especialmente con el estilo afrocubano de Irakere, uno de los grupos más virtuosos de todos los tiempos en Cuba.

Luego de esa visita, en 1978, la CBS decide unir fuerzas con la Fania Records, el emblemático sello americano dedicado a la música tropical y en especial a la salsa, y junto a las autoridades del Ministerio de la Cultura de Cuba deciden organizar un festival en La Habana, con la participación conjunta de músicos de la isla y del exterior.

 

“Havana Jam”, el gran reecuentro

En los días previos al evento, y aunque la gente no estaba informada del mismo y de que los artistas participantes no estaban anunciados en pancartas o marquesinas, la Radio Bemba –el boca a boca de los cubanos– hizo que miles de personas asistieran al teatro, abarrotando las tres fechas agendadas.

De este evento, además del recuerdo de su realización y de la filmación para la televisón cubana (la que nunca se ha conocido completamente sin haber noticias del porqué de esta situación) quedaron las grabaciones de los conciertos reproducidas posteriormente en sendos LPs –los que algunos en Chile conocimos a inicios de los ochenta– y posteriormente en Cds, del espectacular evento en el que participaron Weather Report, Stephen Stills, el Trio of Doom (John McLaughlin, Jaco Pastorius y Tony Williams), Kris Kristofferson (en su apogeo como cantante folk y actor de cine), la CBS Jazz All Stars (con Stan Getz, Jimmy Heath, Arthur Blythe, Bobby Hutcherson, Willie Bobo, Cedar Walton y Tony Williams entre otros), Billy Joel, Rita Coolidge entre muchos otros visitantes. Cuba fue representada por Irakere, Sara González, la Orquesta Aragón, Elena Burke, el Conjunto de Percusión Cubana, Pacho Alonso, Zaida Arrate, la Orquesta de Santiago de Cuba, el Conjunto Yaguarimú, el pianista Frank Emilio y su grupo, Juan Pablo Torres, Los Papines, Tata Güines, Pablo Milanés (quien extrañamente no aparece en las grabaciones), Manguaré (que había actuado en Chile en el periodo de la Unidad Popular); además de la importante participación de la Fania All Stars con los más importantes músicos de salsa de ese momento, entre ellos Rubén Blades, Johnny Pacheco, Héctor Lavoe, Larry Harlow, Papo Lucca y Adalberto Santiago.

Más de 30 años después y con Cuba y EE.UU. en un proceso histórico de restablecimiento de sus relaciones, la segunda edición de ese evento se realizaría prontamente en el mismo escenario, el Teatro Karl Marx.

El proceso del “deshielo” diplomático entre Cuba y EE.UU. ha incrementado el interés de artistas internacionales por visitar la isla. Por nombrar algunos, el jazzista estadounidense Wynton Marsalis ya estuvo en 2010; también el virtuoso pianista chino Lang Lang en una exitosa actuación junto a Chucho Valdés en el marco de la XIX Feria Internacional Cubadisco 2015. Pero también Beyoncé, Rihanna, Katy Perry y Usher estuvieron de paso aunque sin actuar; los Red Hot Chili Peppers declararon que quieren tocar ahí e incluso Pitbull, con padres de descendencia cubana, también admitió que sería una gran oportunidad para él; y recientemente la impensada presentación gratuita en la Ciudad Deportiva de La Habana de The Rolling Stones ante más de 400 mil asistentes en el cierre de su gira latinoamericana “Olé Tour” que se había iniciado en nuestro país.

 

Un dialogo ya antiguo

La mezcla entre el jazz y la música cubana no es reciente.

Leonardo Acosta1 y Danilo Orozco2 han demostrado la participación de cubanos durante el proceso de surgimiento del jazz. Tal simbiosis es lógica que se produjese, si pensamos en que el jazz resulta expresión de un claro proceso de hibridación entre lo africano y lo europeo, lo rítmico y lo melódico, tendencias todas que también acontecen en la música cubana, en la que además la improvisación siempre ha desempeñado un rol protagónico.

Para que se tenga una idea, se debe señalar que el primer solo de flauta que se registró en la historia del jazz estadounidense lo grabó en 1929 un cubano radicado en Nueva York, Alberto Socarrás, con la pieza Have You Ever Felt That Way?, de Clarence Williams. Posteriormente en la década de los treinta, el mismo Socarrás dirigió una orquesta en la que el entonces joven Dizzy Gillespie aprendió a tocar las maracas y descubrió el principio de las claves cubanas.

Siguiendo con esta historia, uno de los primeros temas que mezclaba ingredientes latinos y jazzísticos, y que hoy es valorado como todo un clásico del latin jazz o jazz afrocubano –después rebautizado cubop por Dizzy Gillespie–, fue una composición de Mario Bauzá interpretada en 1943 por la Orquesta de Machito y que llevó por título Tanga. No por gusto John Storm Roberts, en su libro The Latin Tinge, ha escrito: “Alberto Socarrás en los treinta y Machito en los cuarenta estuvieron entre los músicos más experimentales de la época, y ambos eran cubanos”.

En el decenio de los cuarenta, con el movimiento del bebop se genera una estrecha relación entre músicos como Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Chano Pozo, Machito y Mario Bauzá. Así, el componente cubano comienza a formar parte importante del desarrollo jazzístico.

Igualmente, hay copiosa bibliografía que atestigua el hecho de que desde 1948 en adelante, con el encuentro Gillespie-Pozo y el comienzo del auge del afrocuban jazz, se inicia un proceso diaspórico de músicos cubanos que van a radicarse a EE.UU., ante la demanda que se produce por entonces en Estados Unidos en cuanto a percusionistas nacidos y desarrollados en Cuba.

Es así que comienzan por entonces en norteamérica las carreras prodigiosas de figuras como Cándido Camero, Chino Pozo, Mongo Santamaría, Armando Peraza, Oreste Vilató (ambos posteriormente percusionistas de Santana), Carlos “Patato” Valdés, Francisco Aguabella, Marcelino Valdés y muchos otros. Todos ellos eran portadores de un singular modo de ejecutar la percusión, cosa que habían adquirido en Cuba y que llevaron consigo al pasar a radicarse en Estados Unidos.

Tras el triunfo de la Revolución en 1959 y la ruptura de relaciones entre ambos países genera el cese del natural intercambio musical y el proceso migratorio de los músicos se politizó a extremos nunca antes imaginados, fenómeno que empieza a cambiar a partir de la última década del pasado siglo XX, cuando una nueva generación de percusionistas cubanos –en muchos casos con una sólida formación académica recibida en los conservatorios cubanos– ante la cruda realidad económica del Período Especial optan por irse a residir a EE.UU. Y ahí, a partir de su altísimo nivel como instrumentistas capaces de abordar cualquier estilo, no solo se mueven entre agrupaciones musicales de cubanos residentes, sino que han conseguido integrarse a disímiles proyectos de jazzistas estadounidenses.

Justo es señalar que, en lo que varios teóricos del arte y la literatura cubanos definen como “La Generación del Mariel”, también se incluyen algunos percusionistas que consiguieron alcanzar el éxito en norteamérica. Son los casos, sobre todo, del baterista Ignacio Berroa y el tamborero Daniel Ponce, ambos con una amplísima trayectoria en la escena del jazz estadounidense.

Pero los mayores éxitos registrados en décadas recientes por parte de los percusionistas cubanos afincados en el país del norte provienen de la generación de músicos cubanos radicados en aquel país a partir de los 90. Encabezados por nombres como los de Horacio “El Negro” Hernández, Dafnis Prieto, Ernesto Simpson, Ángel, Alexis y Armando “Pututi” Arce, Raúl Pineda, Jimy Branly, Francois Zayas o Pedrito Martínez, desde su quehacer ya sea en la batería o en la percusión menor han puesto muy en alto la escuela cubana de percusión.

Si un solo acontecimiento pudiera resultar un símbolo del enorme prestigio que en el presente gozan los percusionistas de Cuba vinculados a la escena del jazz en EE.UU., este sería el hecho de que en la actualidad la cátedra de percusión del afamado Berklee College of Music está bajo la responsabilidad de Francisco José Mela, un músico formado íntegramente en Cuba, que ha alcanzado el mérito de figurar en la nómina docente de uno de los centros que rige los destinos del jazz a nivel mundial.

Volviendo a la actualidad, es importante descubrir lo que manifiesta más allá de lo estrictamente musical Fernando Martínez Heredia, investigador social e historiador y Director General del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, a propósito del cambio de política de EE.UU. hacia Cuba, antes de la visita del presidente Obama, el 19 de marzo de este año3:

“Atónito y furioso ante la liberación cubana en 1959, Estados Unidos inició una guerra contra Cuba con todos los medios a su alcance. Pero la Revolución firmó con sangre su socialismo cubano y venció en Girón; con heroísmo incomprensible para ellos, el pueblo todo se volvió un Maceo en la Crisis de Octubre. Estados Unidos pasó entonces a una forma de guerra sistemática, ilegal e inmoral, que continúa hasta hoy.

Pero hace menos de dos años comprendió al fin que nunca triunfaría de esa manera, y cambió su estrategia. Desde entonces está librando contra nosotros una guerra cultural, una contienda en la que es maestro, y para la cual cuenta con arsenales fabulosos y con medios que parecen inabarcables y ubicuos.

En esa guerra se inscribe la breve visita que hará a Cuba el presidente de Estados Unidos. Como es cultural, se apelará a un alud de medios de comunicación, imágenes, anécdotas, noticias, sonrisas, alardes, paseos, pitcheo y promesas sutiles de próspera paz. Como es guerra, habrá reclamos de que hagamos concesiones políticas vestidas con ropa del atelier imperialista, procura de algunas simpatías, scoutismo y empresarios afables y prometedores. En suma, una guerra del siglo XXI.

Cualesquiera que sean sus motivaciones personales, Barack Obama es solamente un actor de una escena más, en un drama trascendental: la centenaria pelea de Cuba por la libertad y la justicia social. Hemos tenido todo tipo de adversarios, desde los más respetables hasta los peores, pero el lugar histórico de cada uno lo ha dictado la práctica revolucionaria del pueblo cubano.

Sin dudas, Obama es importante en la breve escena del gran drama en la que le ha tocado actuar. En alguna medida, puede aspirar a ser recordado por su buena actuación, o puede perder su oportunidad y seguir hacia el olvido al que lo historia lo sometería”.

 

1  Leonardo Acosta, músico e investigador cubano, Premio Nacional de la Música 2014.

2  Danilo Orozco González, musicólogo. Dr. en Ciencias Musicológicas, investigador y profesor.

3                 Fernando Martínez Heredia. Una guerra del siglo XXI. Publicado en http//www.cubadebate.cu/

 

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