Sergio Peña: El deber de revolucionario y el amor a su familia

  • Quienes lo conocieron como “José Miguel” o “JM”, recuerda a este médico veterinario que fue asesinado desarmado en la masacre de Fuenteovejuna de septiembre de 1983.
  • Junto a Lucía Vergara y Arturo Vilavella estos militantes del MIR habían regresado clandestinos a Chile un sumarse a la resistencia, luego que la dictadura les impidiera el legítimo derecho a vivir en su país con sus familias.

 

Por Cristian Bustos

 

Ni todo el espectáculo que montó la CNI (Central Nacional de Información) en relación con la masacre de la calle Fuenteovejuna en Las Condes, fue suficiente para los vecinos del pasaje El pintor creyó la versión de que hubo un enfrentamiento intenso entre los militantes del MIR y los agentes de seguridad.

La camioneta que se instaló en ese pasaje al frente de la calle Fuenteovejuna, desde donde se disparó con una ametralladora punto 50, fue el inicio de una de las acciones criminales más violentas de la dictadura y que no se perdió como víctimas a tres militantes revolucionarios, que se puso en riesgo la vida de numerosas personas que a eso de las 20 horas se encontró en las casas vecinas el 7 de septiembre de 1983.

Sergio Peña Díaz fue una de las tres víctimas de estos asesinatos y el primero en ser atacados en brazos de la vivienda, por él Lucía Vergara caminando por la casa de la espalda en la casa número 1320, donde fueron acribillados desarmados y sus cuerpos lanzados al centro de la calle; los testigos fueron testigos de las armas que previamente rozaron en sus manos para que quedaran las huellas dactilares.

 

Estudios y familia

Siendo muy joven y recién estudiando medicina veterinaria en la Universidad de Chile, Sergio Peña o “JM” -abreviación de José Miguel- ingresó a militar en 1967 al MIR. Fue una conversación larga con Miguel Enríquez (Secretario General del MIR) en el Pedagógico, para que tomara una decisión de vida: ser un revolucionario comprometido, puesto que desde su niñez y adolescencia tenía un país asolado por la pobreza y las injusticias sociales , en las numerosas ciudades y pueblos en los que vivió, que era el padre era oficial de Carabineros y cumple destinos en diversos lugares del territorio.

Con poco más de 20 años se casa con su compañera de carrera Anita Soto, con quien inician una militancia que los lleva a participar de numerosas actividades revolucionarias durante el gobierno de Frei Montalva (1964-1970). Allí “JM” fue mostrando sus dotes de liderazgo y una vez que triunfó en el gobierno de la Unidad Popular con el Salvador Allende, fue de los primeros cuadros que inició un trabajo en los sectores campesinos en Santiago, levantando las consignas del MCR (Movimiento Campesino) Revolucionario).

Dirigió por largo tiempo las tomas de fundos mal explotados y pésimamente administrados por sus dueños, en las zonas de Huelquén y Linderos, cercanías de Buin, y donde uno de los campos era usado como haras para caballos de carrera, mientras que en el entorno de la miseria en el campesinado sin tierra mostraba las relaciones feudales que se daban en el campo chileno, que estaban muy lejos de las bucólicas, las postales de los rodeos y los huasos con mantas y espuelas.

“JM” no solo resultó en las tomas un compromiso inclaudicable con los campesinos, también resistió con ingenio y precarios recursos las amenazas de Patria y Libertad (agrupación de extrema derecha chilena) y de los patrones de los fundos por recuperar los campos, logrando que al final fueron intervenidos por la autoridad agrícola y la administración de los grupos de trabajadores movilizados: “La tierra para el que la trabaja …”

En esas mismas fechas y en el medio de las tomas en 1972 fue el padre por primera vez de Luciana y después de Daniela. En 1973, parte a trabajar en Socoagro (Sociedad de Construcciones y Operaciones Agropecuarias), en Valdivia, empresa pública encargada de la comercialización y asistencia de vacunas. Tras el golpe fue detenido y no se pudo comprobar el ilícito en la administración de la empresa, siendo puesto en libertad y regresando a Santiago donde estaba su familia.

La dictadura inicia su cacería por su militancia revolucionaria, y aunque se resistió hasta el final, se trasladó con su compañera e hijas a Dinamarca, donde vivió ocho años trabajando como obrero y dirigiendo a los refugiados políticos chilenos, antes de regresar clandestinamente a Chile en 1983. A los pocos meses fue acribillado por los “valientes soldados”, hoy sus asesinos están formalizados desde mediados de este año, tras la querella presentada por los familiares de las víctimas más recientes de la calle Janequeo en Quinta Normal, de lo que forma parte de la operación exterminio de la CNI.

 

Daniela Peña Soto: “Las penas, la vergüenza y los deseos irreparables de tenerte …”

¿Cómo han vivido los hijos, la muerte de sus padres? Daniela Peña, hija menor de Sergio, cuenta: “Lo que sucede es que el resultado del asesinato de nuestro padre son grandes y profundas, trascienden el tiempo y las generaciones, se instalan en el presente en un ir y venir de muy diversas formas y sentimientos”.

10 años y su hermana Luciana 11, cuando “JM” fue asesinado. “Recuerdo perfecto la última vez que estuvimos juntos … Fue en Dinamarca entre diciembre de 1982 y febrero de 1983, poco antes de regresar a Chile. “Nosotras -cuenta- ya vivíamos en Chile desde fines del 81, eran unas vacaciones maravillosas, compartimos tareas domésticas, deportes, paseos y compras”.

“Nos conversaba -agrega- de sus ganas de volver a Chile y algún día vivir juntos nuevamente. Pero la noticia de su asesinato cambió nuestras vidas para siempre. Puedo relatar detalladamente aquella tarde cuando nuestra madre (Anita) nos acogió entre sus brazos y nos dijo: Tengo que darles la noticia más triste que la vez “.

“Desde entonces, todo se hizo más complejo y doloroso. Empezaron a florecer los miedos, los horrores, el apareo vacío y la vergüenza porque no podían hablarme de lo sucedido; era peligroso, nadie podía entendernos … muchas veces pensamos que el papá iba a aparecer, el duelo fue largo y solitario “.

A medida que transcurrió la adolescencia de Luciana y Daniela, los impactos no fueron amainando. “Durante toda la enseñanza, los medios sufrieron discriminación, burlas y choques culturales, producto de la historia del exilio y política de nuestro padre”, rememora.

Pero lo que a Daniela y Luciana aún las remece fue “después de leer las declaraciones de los agentes participantes en los hechos, señalar que los seguían hace tres meses, que podría haberlo aposentado, pero sí lo hizo, acribillándolo a mano, con los brazos y alto y rendido Me duele pensar que podría estar vivo, que todo podría haber sido distinto si no se hubiesen ensañado con sus cuerpos y sus causas, con sus anhelos de justicia y libertad, y el amor profundo que nos teníamos “.

 

Anita Soto: “el esposo, amigo, compañero y padre de mis hijas”

La médica veterinaria y ex profesora titular de la Universidad de Chile, Anita Soto Cortés, fue la compañera de toda la vida de Sergio Peña. Se conocieron en la universidad e iniciaron juntos su militancia en el MIR. Ella tenía 17 años y 18 años.

“Fuimos compañeros, amigos, pareja y familia durante 18 años; él confiaba absolutamente en mí, decía que yo pertenecía al grupo de ‘hombres nuevos’ “.

“A mi regreso a Chile con mis hijas, teníamos un nutrido intercambio de cartas para él”. Mi época más difícil fue el retorno, me encontré que no tenía amigos; los pequeños que quedanban miraban con molestia a los que nos habíamos ido ido, para mis hijas más complicado aún porque hablaban un mal español, los decían gringas, judías. Yo les dije que no contaran que eran retornadas “.

Sergio me consolaba a la distancia, cuando yo decaía. Esto significa su correspondencia: “Tu carta, como siempre me sucede, me aproxima mucho a ti y desearía abrazarte fuerte, acariciarte por niveles y decirte gordita no te preocupes, no te aflijas yo estoy aquí por darte todo”.

“Es lo que perdí -cuenta- con su asesinato, el apoyo incondicional, el confidente, el compañero, el padre de mis hijas y lo peor que ha perdido a quien amaba tanto como mis hijas como yo”.

Cuando le avisaron que Sergio fue asesinado, que “tenía pena, rabia, desesperación, el miedo me duró mucho tiempo”. Recuerdo que salí al patio a darle comida al perro y sentí que me ametrallaban … quería consolar a mis hijas y solo se me ocurrió acariciarlas porque no tenía respuestas a sus dudas e interrogantes “.

Ese año ya trabajaba en el INTA (Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos) como esperaba en los temas de productos lácteos que había aprendido en Dinamarca, uno de los países más avanzados en esta área en el mundo. “Me contrataron un contrapelo, no tenía otra opción, no había más especialistas en mi tema”. Tuvo que escuchar comentarios como “ella no es problema, si el loco era el marido y ya está muerto …”

Debió vivir cosas terriblemente ofensivas como que de colega le dijera que Sergio “bien muerto está …”. Y no faltó el que se preguntó “¿cuándo tanto Sergio?” Porque en la facultad era conocido como amable y muy bueno como para deportista y arquero de la escuela de veterinaria. No podian entenderlo si los Titulares de los Diarios de Decio Que habia estado Entre Los Que habian participado en el atentado a Carol Urzúa 1 , PESE una cola Quienes si habian estado involucrados ya Esteban Detenidos. Ni siquiera el padre de Sergio pudo comprenderlo. “Lo único que me siento es que mi hijo muriera como asesino”, le dijo.

“No hubo ningún caso de convencerlo y mi hijo murió creyendo que era un asesino”. El asesinato de Sergio quebró la relación familiar. “Nos echaron de la casa que nos arrendaban; ingenuamente pensé que después de esta pérdida y tragedia nos íbamos a unir más, pero no fue así. Nos hemos hecho y nunca más se acercaron a nosotros, que sufrió por mis hijas que además de perderse por su padre, perdieron a sus abuelos “.

Pero lo peor estaba por venir. Fue cuando viajó a París, a hablar con el desertor de la CNI, Andrés Valenzuela, quien le contó las circunstancias en que mataron a su marido. “El jeep de la CNI comenzó a ametrallar la casa. Por un altavoz, se les entrega una rendición … uno salió con los brazos en alto y cuando venía acercándose lo ‘rafaguearon’ “.

“Para mí -dice Anita- fue horroroso porque inmediatamente pensé en las inmensas ganas de vivir que tenía Sergio, prefería ser apresado, torturado brutalmente, pero vivir; él como hijo de un oficial de Carabineros sabía que no se mata a una persona rendida con sus manos en alto “.

Anita cierra esta historia con una carta que le escribió a Sergio, después de su muerte. “¡Cuánto te extrañado Sergio! Si pudiste haber hablado contigo, aunque estuvieses preso, lejos o casado de nuevo, no importa. Igual que hiciste tu mismo y que hiciste tu elección. Ahora, la vieja pensionada y con tres nietos aún tiene el eco de menos, el tan guaguatero y querendón con los niños, ahora te imagino el chocho, el rumbo de sus travesuras y las conversaciones tan entretenidas y no puedo compartir contigo a nuestros nietos “.

 

Notas:

1  Alcalde general de Ejército (r) e Intendente de la Región Metropolitana, quien fue atacado en agosto de 1983 por el MIR, resultando muerto en esa acción.

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